Control de daños. El hecho de que haya desaparecido de la mañanera de este jueves el tema de los cargos que le hace a su jefe de asesores el consejero jurídico de su antecesor, más el hecho de que no haya aparecido en el escenario palaciego la autodefensa (fallida) de la víspera de quien fuera el poderoso vocero de López Obrador, podrían revelar dos propósitos de comunicación de la presidenta. El primero sería desaparecer cuanto antes el tema de la agenda a fin de controlar los daños que el asunto le hace al régimen y a la sombra de Palenque.
Deslinde. El otro propósito del silencio presidencial sobre estos temas sería el de no parecer un aval de descargo de las cargos enderezados contra Jesús Ramírez Cuevas por Julio Scherer Ibarra. Y más significativo sería el propósito de deslindarse de las descalificaciones de Ramírez a Scherer y a Fernández Menéndez, los autores del libro más comentado por el gremio periodístico.
Proclama autoincriminatoria. Un tono de proclama de caudillo del siglo XIX -o de protesta del siglo XX- encabezó el comunicado “Al pueblo de México” del exvocero de López Obrador. Dio al traste con lo que acaso pudo ser un ejercicio de derecho de rectificación o de réplica. Su autor cayó además en un error de principiante. Enlistó -claro, para negarlos- todos los cargos que le hizo el periodismo independiente y que no negó en siete años, más las acusaciones de hoy exconsejero jurídico de AMLO en Ni venganza ni perdón, en coautoría con Jorge Fernández Menéndez. Y, así, por efecto de la ‘proclama’ del exvocero, el “pueblo de México" sabe -por él- que la prensa lo acusa, entre otras, de las mayores atrocidades contra la libre expresión y el ejercicio de las libertades y los derechos informativos.
