En el marco de la exposición sobre los apuntes del pintor, el investigador y restaurador Ricardo Mejía Falcón ofreció una conferencia en la que habló de la evolución y las coincidencias con los trabajos del naturalista francés Alfred Dugès
En el marco de la exposición sobre los apuntes del pintor, el investigador y restaurador Ricardo Mejía Falcón ofreció una conferencia en la que habló de la evolución y las coincidencias con los trabajos del naturalista francés Alfred Dugès

Entre frascos con anfibios, láminas minuciosamente ilustradas y paisajes que dialogan con la ciencia, la figura del naturalista francés Alfred Dugès volvió a escena en el Museo Nacional de Arte. La charla, impartida por el investigador y restaurador Ricardo Mejía Falcón, reveló la estrecha conexión entre el espíritu científico del siglo XIX y la obra de José María Velasco.
El encuentro formó parte del programa académico de la exposición José María Velasco. Los apuntes del pintor y se realizó en el auditorio Adolfo Best Maugard del recinto. Allí, Mejía Falcón —especialista de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente— trazó un retrato de Dugès (1826-1910), considerado el padre de la herpetología mexicana por sus estudios pioneros sobre reptiles y anfibios en el país.
El investigador explicó que la labor de Dugès marcó a generaciones posteriores de científicos, quienes reconocieron en él a un estudioso profundamente comprometido con el ecosistema mexicano. Su interés por los ajolotes, por ejemplo, coincidió con las inquietudes científicas de Velasco. En 1888, Dugès nombró Ambystoma velasci al ajolote del altiplano estudiado por el pintor, y más de un siglo después, en 1997, un arbusto caducifolio fue bautizado como Velascoa, en referencia al artista.
Pero más allá de los hallazgos zoológicos, Mejía Falcón subrayó el valor estético de los cuadernos de Dugès. Sus apuntes no solo documentan más de 200 especies, sino que están acompañados por ilustraciones —litografías y acuarelas— que muchos consideran auténticas piezas artísticas. “Tenía una formación casi medieval, en el sentido de interesarse por todo”, comentó el ponente, aludiendo a la tradición de los bestiarios, aunque en clave científica.
El científico francés, añadió, se interesó por la teoría de la evolución de Charles Darwin y otros naturalistas de su tiempo, aunque nunca se adscribió del todo a sus postulados. Prefirió mantener una postura propia, sin abandonar el rigor de su formación.
La conferencia también sirvió para recordar que Velasco no solo fue un paisajista fundamental del arte mexicano, sino un miembro activo de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, de la que llegó a ser presidente. Para Mejía Falcón, la relación entre ambos personajes demuestra que ciencia y arte no son disciplinas aisladas, sino territorios que históricamente se han enriquecido mutuamente.
Incluso en la era de la fotografía digital, apuntó, en las escuelas científicas se sigue alentando a los estudiantes a ilustrar sus propios hallazgos, tal como lo hicieron Dugès y Velasco, porque el valor estético de esa práctica es tan significativo como el científico.
El ciclo continuará con la conferencia El territorio imaginado: Velasco y el paisaje mexicano, programada para el jueves 26 de febrero a las 18:00 horas en el Museo Nacional de Arte, ubicado en Tacuba 8, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
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