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Posponer la elección judicial para siempre

Están espantados los creadores de la reforma judicial. Es natural, ni los más fanáticos pueden negar, aunque sólo lo hagan en su fuero interno, los estropicios que está generado la llegada de juzgadores sin experiencia y que toman decisiones limitadas y hasta contrarias a la legalidad.

A estas alturas hay evidencias de que, si el colapso no ha sido total, es porque permanecen jueces y magistrados de carrera judicial, que son los que dan coherencia y soportan las cargas de trabajo y el mantenimiento del orden. Pero ellos se irán el próximo año, si se mantiene la disposición de realizar la segunda elección en 2027.

Nadie se puede llamar a engaño, porque las advertencias fueron múltiples. Margaret Satterthwaite, relatora especial de la ONU sobre independencia de magistrados y abogados, señaló que era un riesgo que no imperara el mérito en las designaciones, a lo que hay que añadir las probables violaciones a los derechos humanos, y las posibilidades de sentencias sesgadas para tratar de agradar a patrocinadores y electores.

En su momento, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos manifestó su preocupación por la aprobación de la reforma judicial y de sus impactos en el acceso a la justicia y la vigencia del Estado de derecho.

Hace unos días se admitió en la Corte Interamericana un recurso contra la reforma judicial promovido por el diputado del PAN Germán Martínez.

Lo que se revisará es si se está cumpliendo con las obligaciones internacionales del Estado mexicano.

Son cuestiones delicadas que, además, debilitan el prestigio que el sistema judicial llegó a tener y del que ahora ya se van observando las consecuencias de su derrumbe.

El rezago es de 40% en los expedientes, lo que es malo, pero se pondrá peor si se cumple con la disposición de sancionar a quienes no hayan resuelto sus expedientes en un lapso de seis meses, en cada caso.

Deberían tomarle la palabra al senador Javier Corral y al diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, ambos de Morena, para revisar la cuestión judicial y posponer la siguiente elección de juzgadores hasta 2028 o de plano para siempre.

Daría tiempo para estudiar el daño en curso, pero también para dar marcha atrás en lo que es un disparate. No lo harán, porque la captura del Poder Judicial no se hizo para aumentar calidades o buenas prácticas, sino para someterlo.

El INE. en la evaluación que realizó sobre la jornada comicial para elegir a los jueces, estableció que las posibilidades de desastre, en 2027, son altas si se mantiene el empeño de hacer concurrir las elecciones tradicionales, la revocación de mandato y las de los jueces, una triada más que explosiva.