Desde las aulas de Grantham: Notas sobre políticas públicas y malas ideas.
“No existe dinero público, sólo hay dinero de los contribuyentes”
Margaret Thatcher
Tener una población bien educada, con habilidades analíticas capaz de innovar o al menos asimilar nuevas tecnologías a los procesos productivos es crucial para tener un mejor desempeño económico. Trabajadores bien capacitados aumentan la productividad de la economía y son un factor decisivo para la atracción de inversión privada. Un ejemplo de lo anterior es el sector exportador de manufacturas. Es de lo poco que está mostrando dinamismo. Contrario a lo que comúnmente se piensa, nuestra canasta de exportaciones es sofisticada y con un alto contenido tecnológico.
En México, esto lo entendíamos muy bien. Si se quiere a jalones, pero avanzábamos en la dirección correcta. En las décadas pasadas se hicieron avances muy notables para evaluar a todo el proceso educativo. Se establecieron procesos para evaluar de manera continua a los alumnos, a los maestros y a los planes de estudio. Este proceso se dejó a profesionales que buscaban no sólo que nuestro sistema educativo dotara a los alumnos de las herramientas necesarias para enfrentar a la vida sino también para ser ciudadanos de bien.
Repito que el avance era lento y lleno de dificultades, pero al menos no se perdía norte. Con la llegada de la 4T todo cambio para mal. Bajo la premisa de que el esfuerzo individual y la mejora continua deberían ser erradicados, nos condenaron (o al menos eso intentan) a la colectivización de la educación. Ya no hay que evaluar ni a los alumnos ni a los maestros. Los libros de texto son herramientas de adoctrinamiento que suprimen en nuestros niños y niñas el deseo de progresar y de ser mejores.
La elaboración de los libros de texto cayó en manos de Marx Arriaga. Este sujeto se encargó de destrozar el contenido de los libros con el que se educa nuestros hijos. Relegó la enseñanza de las matemáticas y de las ciencias. Son textos plagados de errores que invitan al resentimiento y al rencor social. En los momentos en los que escribo esta columna, este energúmeno se resiste a entregar su cargo en la SEP. No se necesita ser un visionario para darnos cuenta de que las niñas y los niños que hoy se están formando con los libros de texto de la “Nueva Escuela Mexicana” están en profunda desventaja con los niños que hoy se educan en otras partes del mundo.
Paradójicamente, todo lo que la 4T desprecia y ha destruido es lo que mantiene a flote a la economía mexicana. Lo poco que hay de crecimiento económico se lo debemos empresas mexicanas y extranjeras que se establecieron en México en otra época donde se garantizaba certeza jurídica y cuando se preveía una formación de técnicos y profesionistas con cierta calidad. Conforme vaya madurando la transformación de la que somos víctimas, no habrá justicia que proteja a los inversionistas privados y tampoco trabajadores competentes en México. Entonces tampoco habrá ni empleo ni futuro en nuestro país. Es impostergable que dejemos de ver a los Marx Arriagas de este mundo como pintorescos trasnochados y empecemos a entender lo que realmente son: un peligro para México.
