México es un paraíso. Un paraíso de la impunidad.
Puedes, como Marx Arriaga, hacer un pésimo trabajo con los libros de texto, repletos de errores y saturados de ideología y recibir a cambio el ofrecimiento para convertirte en embajador de México en Costa Rica.
Puedes, como Mario Delgado, vincularte al Rey del huachicol, Sergio Carmona, recibir de él dinero sucio para financiar las campañas electorales de Morena y recibir como premio la titularidad de la Secretaría de Educación Pública.
Mario Delgado es un economista del ITAM. Fue Secretario de Educación de la Ciudad de México sin conocer el área a la que fue destinado. Pero ¿qué importa? Los perjudicados son los niños y éstos no votan.
Puedes entregarle el control pedagógico de la Secretaría de Educación a la corriente radical de la coordinadora de maestros para que los niños aprendan a ser activistas y sean incapaces de leer, dividir y multiplicar. Ocupamos permanentemente el último lugar entre los países de la OCDE.
Condenar a los niños y jóvenes a la ignorancia se traduce en poder, presupuestos y privilegios. Impunidad total a quienes conducen el futuro de México al abismo de la mediocridad.
De 2018 a la fecha disminuyó en millón y medio la cantidad de niños inscritos en las escuelas públicas mexicanas. Estos niños sin educación ¿qué van a ser en el futuro? Vendedores de mercancía pirata en las calles. Repartidores de comida rápida. Obreros en fábricas instaladas en la frontera. Carne de cañón para el narcotráfico.
Sheinbaum en campaña afirmó que en México se puede vivir bien sin trabajar. Para eso sirven las becas. No necesitas esforzarte. El gobierno proveerá. Este año se volverá a incrementar el dinero que se reparte mediante programas sociales.
No se trata de apoyar a los pobres, declaró célebremente López Obrador, sino de estrategia política. Se trata de una inversión. El gobierno de Morena traslada el dinero de los mexicanos que trabajan y lo reparte entre millones de familias a cambio de su voto. De esa forma aseguran su permanencia en el poder.
Para los morenistas el poder no es un instrumento de transformación social. Según lo que hemos podido ver el poder les sirve para su enriquecimiento personal: casas, camionetas, ropa de marca, restaurantes de lujo, viajes.
Manuel Bartlett tampoco sabía nada del sector eléctrico cuando López Obrador lo designó director de la CFE. Convenció al presidente, con motivos ideológicos, de volver al monopolio estatal en electricidad. Dejó de fluir la inversión privada. Prácticamente no se invirtió nada en transformación eléctrica en seis años. Hoy padecemos por falta de electricidad. Las grandes empresas extranjeras no se instalan en México por falta de energía.
Sin gente preparada, sin electricidad, con carreteras inseguras, sin certeza jurídica para la inversión, entregado el país a los extorsionadores, estamos condenando a México a la más absoluta mediocridad.
Prácticamente todos los indicadores van a la baja. Estado de derecho, corrupción, democracia. Somos gobernados por una camarilla autoritaria que buscará permanecer en el poder mediante la propaganda, las becas y la censura.
La impunidad es el sello característico de este gobierno. El gobierno no investiga nada que lo perjudique. Para eso se reformó el Poder Judicial. Basta pertenecer a Morena para quedar impune.
El gobierno se niega a castigar las fallas de los suyos, se niega a reconocer la corrupción, se niega a modificar el rumbo. Mientras sigan aferrados a las ubres del poder no importa que el país se estanque. Un país condenado a la mediocridad.
