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Y viene el Mundial

Como en todo gran evento deportivo, la expectativa sobre los beneficios del Mundial de futbol, ahora bajo la modalidad compartida por tres países, es alta. En nuestro caso debería ser un evento positivo para la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Se supone que habrá una derrama económica extraordinaria que elevará el empleo y dejará la infraestructura urbana mejorada. Sin embargo, no siempre ha sido así. Diversos estudios pos-Olímpicos y Mundiales indican que el PIB no creció como se esperaba y que sólo se generó mayor déficit y endeudamiento de ciudades y países anfitriones y, en algunos casos, un posterior abandono de instalaciones deportivas. Los beneficios son temporales: el económico,  por las actividades previas y durante la competencia deportiva (como el impacto en el empleo); el social, en cuanto a la sensación de disfrute y satisfacción de la población y esa es la ganancia social y política: la gente está contenta.

En el caso de los Mundiales de futbol destaca el hecho de las características de la FIFA como organismo rector del futbol en todo el mundo. Su objetivo es supervisar, promover y salvaguardar la integridad de este deporte. La federación es una organización sin fines de lucro; no obstante, tiene ingresos provenientes de los derechos de televisión y de marketing, como los de las Copas del Mundo, así como del patrocinio y venta de entradas a los estadios y de mercancías. Aquí es donde viene la danza de grandes recursos y el acaparamiento de los ingresos generados por parte de la FIFA y las grandes marcas vinculadas al evento que, además, llegan a gozar condonación de impuestos.

Análisis de economistas y periodistas como Andrew Zimbalist, Victor A. Matheson, Robert A. Baade y Wolfgang Maennig, entre otros, concluyen que las grandes competencias deportivas internacionales pocas veces dejan un beneficio neto o fiscal en las ciudades anfitrionas. Tampoco se registra un impacto positivo de largo plazo, por ejemplo, en el turismo u otras actividades de servicios. Es mayor la posibilidad de que la sobreestimación de beneficios e ingresos se traduzca en déficit público y afectación de la infraestructura urbana en detrimento de la población local, que además sufrió las molestias generadas por las obras previas. Así que a festejar lo deportivo y a prever su impacto negativo.