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A gritos y manotazos se confrontan diputados en el Senado

La pelea entre Arturo Ávila y Carlos Gutiérrez escaló cuando el priista encaró al morenista para reclamarle por sus publicaciones, en las que se refiere a Morena como un “narcopartido”

Crédito: Especial

El Senado de la República se ha convertido a una arena de peleas. Este miércoles, en el marco de la sesión de la Comisión Permanente los diputados Arturo Ávila, Morena, y Carlos Gutiérrez, PRI, se liaron a insultos y empujones.

La queja presentada ante el INE por Morena para que el presidente del PRI, Alejandro Moreno, baje de sus redes sociales las menciones que hace de “narcopartido” y “narcorégimen”, así como la denuncia que hizo el priista en Washington, fue el motivo del enfrentamiento.

Gutiérrez, que no es integrante de la Comisión Permanente, esperó a Ávila en el Patio del Federalismo. Primero se dieron la mano y Gutiérrez se acercó al oído al morenista y luego le dio un manotazo en el hombro.

La reacción de Ávila fue aventarlo y gritarle: “no me toques, cabrón”. Durante más de dos minutos hubo insultos y empujones. Ambos personajes fueron rodeados de inmediato por decenas de cámaras y teléfonos celulares de reporteros, asistentes, asesores y curiosos.

El morenista buscaba llegar a las oficinas de su grupo parlamentario, pero el priista lo atajaba. Gutiérrez lo acusó de ser proveedor de armas del narcotráfico y de ser un “narcovocero” y ¡hasta “narconiñero”!

Ávila seguía buscando una salida mientras uno de sus asesores se ponía en medio de la trifulca. El priista le cerraba el camino y ante el “no me toques” de Ávila, le soltó: “¿me vas a mandar matar, así como le haces?”.

La respuesta fue: “eres el porro de Alito”. Y entre “ten huevos y eres un pinche puto”, siguieron con su espectáculo en la sede del Congreso mexicano.

El colofón fue una frase de Ávila que quedará grabada: “yo no soy Noroña”, en referencia al pleito que Gerardo Fernández Noroña y Alejandro Moreno protagonizaron hace unos meses en el mismo Senado.

Todo quedó en empujones, manotazos e insultos, pero también queda la mancha de lo polarizado que está no solo el Congreso, sino el país.

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