Culiacán, Sin.- El caso Rocha Moya está golpeando fuertemente a Morena en Sinaloa. Encuestas y sondeos electorales señalan una importante caída en las preferencias, aunque aún es partido hegemónico en la entidad. Pero ya se puso en marcha una operación de rescate por parte del gobierno federal.
El 5 de agosto, Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, visitó Culiacán para sostener una extraña reunión con el Consejo Sinaloense de Empresarios, mismo que aglutina a las personas de negocios más prominentes de la entidad. Discretamente se dejó correr la versión de que el diputado era enviado por la presidenta Sheinbaum.
Ramírez Cuéllar, ante los empresarios, dijo que Sinaloa necesita un programa urgente de "salvamento económico". Implícitamente asumió algo que ningún funcionario federal o estatal se había atrevido a admitir: que el enorme deterioro y el hundimiento económico de Sinaloa es una realidad generada por dos años continuos de inseguridad pública, pero también por una autoridad estatal totalmente ausente y señalada de complicidad con el crimen organizado.
El diputado federal, y presunto enviado presidencial, convocó a construir “una gran unidad sinaloense”, dejando de lado todo tipo de diferencias. Pero omitió decir lo importante: ¿Unidad con quién y bajo qué condiciones? Morena-Sinaloa tiene 13 aspirantes para la sucesión en 2027, la mayoría bastante cercanos a Rocha Moya. ¿Quién de ellos les será impuesto a los empresarios?
Quedó claro que la reunión con los principales empresarios de la entidad fue un intento de control de daños en favor del partido oficial. Pero también fue para invocarles a una alineación con los intereses electorales de Morena. Se trató de una verdadera operación política disfrazada de gira económica. El mensaje transmitido fue que ellos deberían apoyar a quien designe Morena como candidato a la gubernatura en el 2027.
Al empresariado sinaloense se le asignó el papel de comparsa partidista. Situación que asumieron con inquietante docilidad. No le exigieron nada ni propusieron acciones para la recuperación. Solo aceptaron promesas genéricas en materia económica. No hubo partidas presupuestales comprometidas ni declaratoria de emergencia. Todo quedó condicionado a lo que pudiera ser incluido en el presupuesto federal de 2027. Es decir, hasta el año siguiente.
Ramírez Cuéllar no fue enviado para rescatar a Sinaloa, sino para tratar de rescatar a Morena en Sinaloa. El Consejo Sinaloense de Empresarios se prestó para ese propósito. Muy lamentable.
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