Julio Cavalucci
En 1929, por encargo de su padre, Juan O'Gorman proyectó y construyó la casa O'Gorman, ubicada en San Ángel. Para ponerlo en contexto, la Villa Savoye —edificio en el cual Le Corbusier demostraba sus cinco puntos de la arquitectura moderna— estaba en construcción en esos mismos años. La casa O’Gorman es considerada uno de los primeros edificios funcionalistas en Latinoamérica y quizás en el mundo. A sus 24 años, O'Gorman había construido una obra maestra.
Su hermana más popular, la Casa Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo, ubicada en el terreno contiguo, se construyó un par de años después, en 1931. Los intereses socialistas de la pareja del momento simpatizaron con el planteamiento austero y utilitario que proponía O’Gorman. También era lo más vanguardista de la época: una arquitectura que ponía al centro la función de los edificios y entendía la estética como un resultado de esta relación.
O’Gorman podría haber hecho solamente esas dos casas y eso hubiera sido suficiente para consolidarlo como uno de los mayores exponentes del funcionalismo en México, pero no fue así. Después de una larga temporada en la que pasó de diseñar escuelas para la Secretaría de Educación Pública a vivir un periodo de desencanto por la arquitectura y un mayor interés por el muralismo, Juan regresó a la práctica para hacer algunos de los edificios más representativos de su carrera.
Para esta nueva etapa, el funcionalismo en la carrera de O'Gorman había quedado en el pasado; sus nuevos intereses estaban más alineados con la arquitectura orgánica de Frank Lloyd Wright. Juan dejaba a un lado las ideas de una arquitectura hecha en serie, para adoptar una práctica que apuntaba a lo opuesto y que ponía al centro una producción más artesanal.
Quizás el edificio que mejor ejemplificaba esta nueva forma de pensamiento fue otra casa, la suya propia, que construyó en San Jerónimo a mediados de los cincuenta, dos décadas después de esas primeras casas funcionalistas. La Casa Cueva es uno de esos edificios que habitan en el imaginario colectivo de la arquitectura mexicana y, lamentablemente, hoy nos toca conformarnos con que habite sólo ahí, porque lo que O’Gorman dejó en San Jerónimo ya no existe más.
Aunque hoy no podamos visitar la casa que el arquitecto y muralista consideró su mejor trabajo, podríamos considerar que la propuesta más valiosa que hizo O’Gorman a la arquitectura fue cambiar de opinión: voltear al lado contrario y proponer algo radicalmente opuesto a lo que unas décadas antes consideraba el futuro de la disciplina.
Podríamos resumir la carrera de O’Gorman en dos casas: su primera y su última, construidas con poco más de 20 años de diferencia. Ambos proyectos pertenecían a la misma tipología, pero los resultados fueron en extremo diferentes. El cambio de opinión en la obra de O’Gorman nos recuerda que la arquitectura exige tomar una postura que definirá por completo el resultado de un edificio, pero también nos demuestra que esa postura no necesariamente ni es ni debe ser fija. Pero sobre todo: que las ideas de un arquitecto pueden cambiar y ser trascendentales e influyentes incluso cuando se contradicen entre ellas.
*Julio Cavallucci. Arquitecto por la Universidad La Salle. Ha trabajado en Zeller & Moye, Cano Vera y Taller ADG. Desde 2021, colabora como profesor asistente del taller Palimpsest Barragán de la Architectural Association.
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