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Campo mexicano, en crisis

Entre tantos desafíos urgentes que enfrenta nuestro país en áreas como seguridad, economía o política exterior, se pierden de vista otros igualmente relevantes. Es el caso del campo, que enfrenta su momento más complejo en décadas. Comparto algunos aspectos.

El 20% de las tierras ha dejado de cultivarse (CNA, 2025) por factores como la inseguridad, la falta de agua y la migración.

El gusano barrenador está presente en 70% del territorio y mantiene la frontera cerrada a las exportaciones de ganado, en gran medida debido a los recortes que han comprometido nuestra capacidad en sanidad e inocuidad. Las pérdidas por la suspensión de exportaciones hacia Estados Unidos ascienden a 15 mil millones de pesos.

En abril, la inflación en frutas y verduras alcanzó 21.43%, impulsada por distintos factores como los aranceles, la extorsión a productores, el impacto del cambio climático en la productividad por hectárea de algunos cultivos, o el aumento del combustible.

El conflicto en Medio Oriente ha encarecido los fertilizantes y los productores han tenido que absorber esos precios sin ninguna cobertura. La inseguridad incrementa los costos de producción. El crimen organizado impone cuotas por hectárea o tonelada producida, establece proveedores y rutas de transporte, y cobra por el acceso al agua.

Esos desafíos se suman a desventajas estructurales: solo 8% de los agricultores mexicanos tiene acceso a créditos, frente a casi 100% a nivel mundial. Las tasas de interés en México oscilan entre 18 y 20%, mientras en EU van de 3.5 a 4%. El cierre de Financiera Rural eliminó la principal fuente de financiamiento sectorial y los apoyos gubernamentales están diseñados con visión clientelar que no promueve la competitividad y productividad.

Los agricultores mexicanos compiten en el T-MEC sin subsidios, sin créditos ni tecnología que sus contrapartes estadounidenses tienen garantizados. El relevo generacional está en riesgo: los jóvenes rechazan el campo por bajos ingresos, inseguridad e inviabilidad económica.

Nuestra autosuficiencia alimentaria en maíz cayó de 53% en 2018 a 44% proyectado en 2026. México cerró el año pasado como el principal importador de maíz del mundo —24.76 millones de toneladas, principalmente desde EU.

Paradójicamente, las actividades primarias son uno de los sectores más dinámicos de la economía: en el tercer trimestre de 2025 el PIB sectorial aumentó en 2.9% gracias al impulso de la agroindustria de exportación, pero la producción para consumo interno es insuficiente. México exporta aguacate y berries mientras millones de familias pagan alimentos básicos a precios récord.

La crisis del campo es un asunto de Estado que exige una respuesta integral: mantener la competitividad del sector agroalimentario y garantizar, al mismo tiempo, la seguridad alimentaria nacional. La nueva titular de Sader ¿estará a la altura?

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