¿Hasta dónde? Un miedo del poder a las libertades de las personas y de la sociedad civil subyace en la suspensión del derecho de las organizaciones civiles a recibir donativos deducibles de impuestos para los donantes. Es un acto de clausura de una vía de expresión y participación de los particulares en los asuntos públicos, de asfixia de la esfera pública, pensada por Habermas como resultado de la salida de del feudalismo y los absolutismos. ¿Hasta dónde llegara la regresión del desarrollo político alcanzado por nuestro país hasta 2018?
El miedo a la competencia. A ello se sumaría el miedo a la competencia electoral y a la pluralidad y la participación política organizada en partidos, si se confirma la versión extendida de una orden presidencial al INE para negarle el registro al partido en formación Somos México, pese a haber cumplido todos los requisitos. Sería otra peligrosa clausura a la civilidad de la vida política del país. Como ocurre en los despotismos, la versión ha alcanzado indignada -aterrada- credibilidad a la vista de un escenario en que una persona puede disponer de todos los resortes del poder del Estado, en este caso, el órgano electoral y el tribunal en la materia. Ambos han sido convertidos por el régimen, para decirlo con el lenguaje de la literatura política anglo, en perros falderos: lapdogs institucionales, que funcionaron como supervisores y árbitros: watchdogs, independientes hasta 2023.
Consagración. Así se explica que la presidenta haya empezado su campaña el fin de semana para su consagración, antes de que se reforme la Constitución a fin adelantar el revocatorio y hacerlo coincidir con las elecciones de 2027. Nada importa que en la Constitución está establecido que es el electorado el facultado para apelar a esa figura cuando se estima perdida la confianza en los gobernantes.
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