...

Información para decidir con libertad

Cuando participar no cambia nada

Cuando la gente no llega a los espacios de participación que se le ofrecen, la conclusión más cómoda es culpar a quien no apareció. Es más fácil eso que preguntarse si el espacio realmente ofrecía algo de valor.

El modelo que heredamos funciona así: convocatoria, asamblea, lista de asistencia. Asistir, firmar y escuchar durante dos horas no es participar. Es estar presente.

Tuvo sentido cuando era la única forma viable de agregar voces. Hoy ya no lo es. Pero sigue siendo casi la única forma de participación que los partidos políticos reconocen como válida.

La mayoría de los espacios actuales no están diseñados para aprovechar el tiempo, el conocimiento ni la experiencia de quienes llegan. Están diseñados para cumplir requisitos. Para ejecutar, no para decidir. Por eso muchas personas entran una vez y no regresan.

No porque sean apáticas. Porque entendieron rápido que su presencia no cambia nada.

Cuando participar no cambia nada, la respuesta más fácil es alejarse. La más difícil, y la más necesaria, es construir algo diferente.

El ciudadano contemporáneo no es homogéneo. Hay personas que conectan naturalmente con la política territorial y encontraron su lugar en ese modelo. Pero hay millones que no. Millones se organizan por causa, no por territorio. Tienen una hora a la semana, no una tarde entera. Quieren sentir que lo que hacen tiene algún efecto, aunque sea pequeño. El sistema político sigue intentando relacionarse con ellos como si viviéramos hace 30 años.

Algo debería preocuparnos: casi todos coincidimos en que lo que tenemos no funciona, pero seguimos intentando resolverlo con los mismos formatos.

Los partidos dicen necesitar más ciudadanía activa, pero rara vez ceden incidencia real. Innovan para ganar elecciones, concentrar poder o controlar narrativas, no para construir espacios donde la ciudadanía decida.

Del otro lado, muchos ciudadanos esperan que exista primero el espacio ideal antes de involucrarse, sin participar en construirlo.

Así, el ciclo se repite.

La responsabilidad ciudadana no termina en la exigencia. Empieza de verdad cuando decidimos dejar de esperar el espacio ideal y acercarnos a las instituciones menos imperfectas para empujarlas a crecer, aunque eso incomode.

Ese es el espacio que nos falta construir. Nadie más lo va a hacer por nosotros.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp