En un mensaje televisado, el presidente cubano rompió el silencio sobre las negociaciones con Washington, mientras el país cumple 43 días bajo "emergencia nacional" y sin recibir cargamentos de petróleo
En un mensaje televisado, el presidente cubano rompió el silencio sobre las negociaciones con Washington, mientras el país cumple 43 días bajo "emergencia nacional" y sin recibir cargamentos de petróleo

Tras semanas de hermetismo y desmentidos oficiales, el gobierno de Cuba confirmó finalmente este viernes el inicio de conversaciones directas con la administración de Donald Trump. El anuncio, realizado por el presidente Miguel Díaz-Canel desde la sede del Comité Central del Partido Comunista, marca un giro en la retórica de la isla, que hasta ahora había evitado validar las declaraciones del mandatario estadounidense sobre un posible acercamiento.
Díaz-Canel explicó que los intercambios buscan soluciones diplomáticas a las diferencias bilaterales, condicionados siempre al respeto de la soberanía y la autodeterminación. "Es un proceso muy sensible que se conduce con seriedad", afirmó el mandatario, subrayando que factores internacionales han facilitado estos contactos.
Horas antes de la intervención, La Habana anunció la liberación de 51 presos mediante la mediación del Vaticano, un gesto que evoca el "deshielo" de 2014 con Barack Obama. Aunque Díaz-Canel calificó la medida como una "práctica soberana" y "humanista", persiste la duda sobre si este grupo incluye a algunos de los más de mil presos políticos en la isla. La sociedad civil y sectores de la oposición ya han manifestado que cualquier acuerdo real con Washington debe pasar por una amnistía total para los presos de conciencia.
Por su parte, Donald Trump reaccionó de forma inusualmente sobria en su red Truth Social, limitándose a compartir un titular del USA Today que aumenta las expectativas sobre un inminente "pacto económico".
El reconocimiento del diálogo ocurre en un contexto crítico. Díaz-Canel admitió que Cuba no recibe petróleo desde enero debido a las sanciones y amenazas de aranceles impuestas por Trump a países proveedores como México y Venezuela. "Hace más de tres meses que no entra un barco de combustible", confesó, describiendo un impacto "inconmensurable" en la vida cotidiana de los cubanos.
Esta asfixia económica parece ser el eje de la estrategia diseñada por Trump y su Secretario de Estado, Marco Rubio, quienes buscan forzar un cambio de modelo en la isla. Rubio, de origen cubano, lidera estas negociaciones que ya muestran señales tangibles, como los permisos para que el sector privado importe combustible directamente desde EU.
Díaz-Canel también abordó el reciente enfrentamiento naval del 25 de febrero, donde cuatro personas murieron tras el ataque de guardacostas cubanos a una lancha de exiliados. El mandatario calificó el hecho como una "infiltración terrorista" financiada desde EU, asegurando que los tripulantes dispararon primero.
Pese a la gravedad del incidente, la respuesta de la Casa Blanca ha sido pragmática. Según el líder cubano, Washington ha agradecido la información suministrada y se espera la llegada de expertos del FBI para colaborar en las investigaciones junto al Ministerio del Interior (MININT), un nivel de cooperación policial poco visto en la última década.
El escenario actual sitúa a Cuba entre la urgencia de aliviar una economía colapsada y la incertidumbre de negociar con una administración estadounidense que, en palabras de Rubio, ha prometido un "gran cambio" antes de que termine el año.
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