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Cuba y Marx Arriaga, el elefante en la sala

Una de las tareas de la comunicación política es la de tratar de mantener la narrativa en el marco adecuado, es decir, dar coherencia a los mensajes dentro de una historia.

En las últimas semanas, el gobierno se ha visto en aprietos y por cuestiones que ellos mismos provocaron.

Cuba y ahora los libros de texto gratuitos.

En lo que se refiere a la isla, los hechos son los siguientes: México se sumó al embargo petrolero, decretado por Donald Trump.

Es la primera vez que se toma una decisión de esa magnitud, porque durante los gobiernos pasados, los del PRI y el PAN, no tuvieron que enfrentarse a semejante dilema.

Es, aunque no se acepte, un viraje, y grande, respecto a la relación con Cuba, porque la determinación afecta a su población, aumentado las penurias que ya de suyo se padecen ante décadas de una economía destruida y sin horizontes de mejora.

¿Qué está haciendo para atenuar el embargo de petróleo? Mandar frijoles, arroz, artículos de aseo personal y leche. Un paliativo, una suerte de placebo para poder decir que no se rindió la plaza, que el “Patria o muerte, venceremos” sigue latiendo en la izquierda incrustada en cargos de gobierno.

Veremos si esto funciona, aunque es probable que sectores ilustrados de la izquierda mexicana se sientan frustrados, ya que les hubiera gustado hacer la diferencia ante la Revolución Cubana.

George Lakoff, en No pienses en el elefante, se ocupó del framing, los encuadres discursivos que promueven una explicación específica para descartar otras.

La izquierda defiende Cuba, por ejemplo, pero esto se complica porque eso ya no es así.

Con los libros de texto gratuitos sucede algo similar, se tienen que cambiar porque están plagados de errores, es más, lo harán para incluir mujeres de rango histórico y aprovecharán, supongo, para que los niños no confundan a Querétaro con Guanajuato, o sí sepan cuándo nació Benito Juárez.

Pero como el encuadre, “el momento estelar” no admite objeciones, hay que defender a los libros de texto que elaboró Marx Arriaga, para no desanimar a clientelas específicas, a las que no les advirtieron que estar en el poder es muy distinto a las ligerezas que se pueden tener desde las plazas públicas y sus arengas.

Y, sobre todo, mantener la densidad ideológica de la Nueva Escuela Mexicana y todo su adoctrinamiento.