y el panteón se abunda, y así, pero esta vez se trata de una insospechada sicología literaria, más viva en el camposanto que en el devenir de los pasos, que hurgó en la naturaleza y el comportamiento mental de la especie como nadie en el siglo XX, el nuevo inquilino de la posteridad deja una obra de espanto, de miedo a la entraña de sus libros, porque en ellos, en todos, se esconden los intersticios más macabros, más desgarradores, más lastimosos y desconcertantes …
