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Desaparecidos, la crisis autoinfligida

Hay crisis autoinfligidas y la del pleito con el Comité de Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CNUDF) es una de ellas.

Los reclamos del gobierno mexicano no van a generar que la comunidad internacional, que es la que en este caso está en juego, se conmueva.

Por el contrario, van a profundizar en el tema y lo que encontrarán es una historia de espanto.

En efecto, hay dos vertientes del problema. La primera es la que viene de la Guerra Sucia, de los crímenes que se cometieron desde el Estado de modo particular entre los años 60 y el principio de los 80.

A los grupos guerrilleros se les combatió con fuerza y muchas veces con procedimientos extralegales, como los de la desaparición forzada.

Después está un terreno resbaladizo que es en el que nos encontramos actualmente, donde las desapariciones son perpetradas, en la mayoría de los casos, por el crimen organizado.

Pero en sucesos como esos, suele existir complicidad de autoridades; por regla general, policías municipales y locales.

Entrar en una lucha retórica sobre los alcances de la figura de desaparición forzada, para ajustarla a las definiciones clásicas es, a estas alturas, contraproducente.

¿Por qué es así? Por una razón muy simple, y estriba en que la ciudadanía, sobre todo la agraviada, quiere respuestas concretas, no debates teóricos.

Más allá de los tipos penales, lo que resulta evidente es que una de las responsabilidades mayores del Estado es la de garantizar la seguridad.

Acusar al CNUDF de tener una agenda política es absurdo. Se trata de expertos que analizaron lo que ocurre en México y llegaron a las mismas conclusiones que cualquier persona informada: se requiere ayuda, es urgente la asistencia para mejorar protocolos de búsqueda y de investigación.

Además, descalificar al CNUDF no resuelve nada. Los colectivos de búsqueda van a seguir cavando con palas en terrenos baldíos, las madres continuarán buscado a sus hijos y los familiares y amigos no se van a olvidar de los ausentes.

Después de todo, los desaparecidos no son números que se puedan recortar de un Excel, son historias, vidas rotas y en el limbo, producto de uno de los delitos más ruines.

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