Cruce de movilizaciones. Atraviesan las celebraciones patrias dos muestras promisorias de un despertar ciudadano ante la conjunción de crisis a las que conduce el régimen al país. Las dos movilizaciones cívicas se cruzan y potencian en sus propósitos. Por ejemplo, la Alianza Democrática para la Observación Electoral alerta contra “la creciente presencia del crimen organizado en amplias zonas del país (lo que) no sólo ha puesto en riesgo la vida y la seguridad en la mayor parte del territorio de México, sino que ha puesto en peligro el ejercicio del periodismo, la libertad de expresión y la legitimidad de los procesos electorales”. Mientras que un clamor -vestido de blanco- por la paz, a cargo de decenas de miles de sinaloenses rebosaba las calles de Culiacán, precisamente la capital de en uno de los estados en que la fusión del poder político y el criminal abatió la “la legitimidad de los procesos electorales” en los pasados y antepasados comicios.
El miedo llega a su fin. Si, como señala la convocatoria de la alianza para la observación electoral “el miedo ha inhibido la participación ciudadana”, el clamor vestido de blanco que inundó dos de las principales avenidas de la capital sinaloense puso en evidencia que el miedo que ha paralizado a la sociedad ante el avance del proyecto prodictatorial está llegando a su fin. Y, si “la corrupción se ha ido expandiendo en la vida pública del país” y “la concentración abusiva de los poderes públicos ha agravado esos problemas, ha clausurado el diálogo con quienes no se someten a sus decisiones”, el despertar ciudadano de que dan ejemplo estas dos movilizaciones puede contribuir a recuperar el camino de nuestro país a una democracia a salvo de la guerra de exterminio a que ha sido sometida en estos años.
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