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El asedio contra el mundo liberal

El liberalismo es una corriente de pensamiento que defiende la libertad individual, la limitación del poder del Estado y la propiedad privada, y pugna por la economía de mercado y la libertad política. Sus principales opositores incluyen el fascismo y el comunismo, pero el neomercantilismo surge como un fuerte opositor.

El liberalismo ha sido la perspectiva dominante en la economía y la política defendida por Estados Unidos a nivel global desde la posguerra hasta hace poco. Los economistas liberales, tanto keynesianos como ortodoxos, han apoyado los mercados libres.

Los keynesianos abogaron desde los años 30 por la intervención estatal para salvar al capitalismo de sí mismo frente a las crisis recurrentes que éste produce, como las financieras, a fin de evitar caer en el fascismo o en el comunismo. Para los keynesianos, la economía capitalista es intrínsecamente inestable.

Los liberales ortodoxos han sostenido que los mercados son esencialmente estables y deben funcionar con plena libertad (la mano invisible), para que la sociedad alcance el máximo de bienestar. También han argumentado que el ajuste de la economía ante el libre comercio ocurre de manera inmediata, sin costos sociales, lo cual ha sido un grave error de predicción que ha llevado a una reacción contra el liberalismo ortodoxo y la globalización, dando pie a la llegada de Donald Trump al poder y al ascenso de partidos de extrema derecha en Europa.

Los excesos del keynesianismo llevaron al neoliberalismo, y los excesos del neoliberalismo piden un regreso al keynesianismo, pero estamos viendo el ascenso del neomercantilismo. El debate sigue centrado en el papel adecuado de la intervención gubernamental. La idea es ayudar al sistema liberal, no reemplazarlo como creen los neomercantilistas, los marxistas o los fascistas.

El neomercantilismo de Trump es una estrategia económica nacionalista xenófoba que busca maximizar las exportaciones y acumular activos mediante el proteccionismo y la intervención estatal. Por el contrario, el liberalismo promueve las ventajas competitivas y la competencia económica para maximizar la riqueza global. El neomercantilismo enfatiza la acumulación de reservas extranjeras y la protección industrial mediante aranceles y subvenciones.

China es una potencia neomercantilista que utiliza sus empresas estatales y sus subsidios para acumular riqueza y lograr la supremacía tecnológica, priorizando las exportaciones por encima del libre mercado.

Tanto el neomercantilismo estadounidense actual como el modelo chino han puesto en grave peligro la economía política liberal.