El desgaste ya se percibe. No es que la oposición avance, sino que Morena retrocede porque la factura de ejercer el poder ya cobra sus primeros saldos.
Hace unos días, Lorena Becerra presentó una medición en Latinus que es bastante reveladora: si se compara el nivel de aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum entre marzo de 2025 y mayo de 2026, las opiniones favorables se redujeron en 21 puntos, pasando de 80 a 59%.
Al mismo tiempo, la desaprobación está en 39%, mientras el año pasado, por estas fechas, andaba en 15%.
Esto se refleja, de igual forma, en la percepción de gobernabilidad, ya que 68% de los encuestados cree que la mandataria “no tiene las riendas del país”.
Y en términos ya electorales hay un empate de 47 y 47% entre quienes desearían que Morena deje el poder y los que se pronuncian por la continuidad.
El trabajo de Becerra se sale de las mediciones de otros ejercicios demoscópicos, pero es importante tener en cuenta que suele ser bastante precisa y que tiene una trayectoria profesional intachable.
Durante años se ocupó de las encuestas del diario Reforma y siempre resultaron acertadas.
Pero si nos detenemos en algo que sí reflejan la mayoría de las encuestas que se ocupan de la aprobación de la mandataria, pero también de las calificaciones de los distintos rubros de gobierno, es notorio que hay una reprobación sobre lo que se está haciendo en materia de seguridad y de combate al crimen organizado, donde se llega a una evaluación negativa de hasta 77%.
Hay lo que se llama burbujas de apoyo, como las que provienen de la detención de El Mencho, pero esto se desvanece si se mira en periodos más largos.
Para nada se requiere una bola de cristal para pronosticar saldos igualmente negativos, cuando se mida el daño reputacional para la 4T que genera el caso de Rubén Rocha Moya.
Algo es seguro, el escenario está cambiando y es ahí donde el planteamiento de las campañas puede hacer la diferencia.
Riesgos y oportunidades para la oposición, pero también para Morena.
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