Hagan sus apuestas. ¿Aguantarán el Verde Ecologista y el PT? ¿Darán paso a una suerte de inmolación y, por carambola, sepultarán la pluralidad?
A estas alturas todavía no se sabe, porque las negociaciones sobre la reforma electoral están en curso y se manejan diversos escenarios sobre los montos de reducción del financiamiento de los partidos, que podría ser de entre 30 y 50%, e inclusive es factible que se cancelen los presupuestos ordinarios y el dinero sólo se active en periodo de contienda.
Los plurinominales son otro hueso rudo de roer, porque en realidad son los que permiten que no haya una distorsión sobre la voluntad popular y que el sistema no sea puramente mayoritario.
Diputados y senadores tienen claro que debe existir un acuerdo de Morena con sus aliados para que la reforma avance, ya que es de carácter constitucional, pero desde Palacio Nacional se mandan señales de que no habrá mucho margen de negociación.
Es más, la presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro, la mañana de este miércoles, que su iniciativa será el resultado de los foros que se realizaron y de las opiniones ciudadanas reflejadas en las encuestas y no de negociaciones con los partidos políticos.
También reveló que se hicieron tres encuestas y que de ellas se desprende que la gente quiere que las elecciones cuesten menos, fortalecer la democracia participativa y revisar la representación proporcional.
Por lo pronto, ni el Verde Ecologista ni el PT han doblado las manos, al menos en apariencia, porque en los hechos nadie conoce el texto definitivo.
La motivación central no está ahí, en la supuesta voluntad ciudadana; se encuentra en el relato fundacional del morenismo, el desafuero de López Obrador y luego su derrota frente a Felipe Calderón.
Sí, 2006 como el agravio de un fraude que en realidad no existió, como se ha comprobado en diversos estudios y en los respectivos litigios en el TEPJF.
En aquella ocasión, se abrieron cerca de 14 mil paquetes electorales para el recuento, y lo único que ocurrió es que sumaran más votos a Calderón, lo que comprobaba que fue una elección peleada palmo a palmo, pero con un triunfador evidente.
Es más, hasta el día de hoy, no existe testimonio de algún funcionario de casilla que haya confesado triquiñuelas en esa jornada comicial.
El mito del fraude persiste, porque es el que solapa las propuestas regresivas, y que niega la participación de la izquierda en la construcción del sistema de partidos.
Las descalificaciones de la presidenta Sheinbaum contra múltiples voces, tiene que ver precisamente con los saldos de esa contienda, pero las cuentas las terminará pagando la ciudadanía entera.
