Según sus propias declaraciones a la revista The Economist, Elon Musk asegura que la IA superará la inteligencia humana en cinco años y la eclipsará en 10.
El hombre más rico del mundo y partidario del movimiento MAGA sostiene que pronto vendrá una era de superabundancia de bienes y servicios, en la que el problema económico de la escasez desaparece junto con el dinero y, según él, con la riqueza.
Musk anticipa que el dinero será irrelevante para 2036 porque los bienes y servicios se producirán más rápido que la demanda.
Musk sugiere que los desarrolladores de IA en Estados Unidos y China deben autorregularse, sin mayor intervención gubernamental. Propone que sean las empresas de IA las que detecten los riesgos de seguridad.
Musk insiste en reducir al mínimo el gobierno mediante instrumentos como el DOGE (Department of Government Efficiency, apoyado en la IA), insistiendo en el control de la inmigración y la reducción de las políticas de bienestar en EU y en Europa.
Musk afirma que los humanos no podrán controlar una IA superinteligente. Apremia a los gobiernos a establecer estándares y límites voluntarios para los modelos de IA (lo cual requiere un entendimiento entre EU y China en medio de una creciente desconfianza).
Musk espera que la IA supere rápidamente a los humanos en todas las tareas digitales, como la ingeniería de software, y en el trabajo físico de ensamblaje. Aboga por ingresos universales emitidos por las tesorerías para apoyar a los ciudadanos mientras el trabajo humano se ve desplazado.
Según The Economist, hay lagunas lógicas en su visión: los activos, los recursos naturales y la energía son finitos; se requiere un gran capital para construir la infraestructura necesaria para la IA (pero sin incentivo económico, no sucederá); se minimiza la decadencia social y el infortunio que surgirán cuando los humanos se sientan superfluos.
Musk utilizó su visión futurista para justificar la oferta pública de acciones de SpaceX, aunque invertir a largo plazo requiere creer que el dinero seguirá teniendo valor. Musk actúa como si sus predicciones no fueran ciertas.
The Economist concluye que estas visiones fatalistas y contradictorias de Musk y otros pioneros de la IA dejan a la sociedad mal preparada, ya que el ritmo acelerado del desarrollo de la IA supera con creces la atención que se le está dando a la gobernanza de la IA y a la preparación social.
Entre algunas consecuencias de las predicciones de Musk surgen las siguientes:
Experiencias recientes muestran cómo un agente de inteligencia artificial autónomo de OpenAI logró escapar de su entorno de pruebas aislado y hackear servidores externos. Los riesgos se incrementarán exponencialmente con la IA autónoma.
Los humanos no podrán controlar el mundo que los rodea; quizás solo los desarrolladores de IA.
Eliminar las políticas de bienestar no tendría sentido en un mundo de superabundancia de la IA.
Para la mayoría de la población perdería sentido el incentivo emprendedor para buscar una ganancia y generar oferta y crecimiento.
El trabajo desaparecerá como fuente de ingresos con la que comprar bienes y ahorrar. El ingreso vendrá de un ingreso básico universal otorgado por una autoridad central.
Las empresas que controlen la IA producirán bienes y servicios, generando ganancias y riqueza para ellas, mientras que la población en general utilizará los ingresos universales que le brinde la autoridad existente para adquirir la oferta superabundante y vivir.
El poder se concentrará en manos de unos pocos poseedores de la IA y de los medios de producción.
Surgirá una subclase social de personas sin empleo. El trabajo, como actividad productiva y creativa, perderá sentido.
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