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El otro motor de Coahuila

Saltillo, Coah.- Durante estos días, el Rodeo Saltillo y la Convención Nacional Ganadera han puesto los reflectores sobre una actividad que forma parte de nuestra historia y de nuestra identidad. Hemos hablado de tradición, de turismo, de derrama económica y del orgullo que representa nuestra cultura ganadera. Pero creo que esta celebración también ofrece una oportunidad para mirar al campo coahuilense desde otra perspectiva. Porque cuando pensamos en la fortaleza económica de nuestro estado, casi siempre vienen a la mente la industria automotriz, las plantas manufactureras y las exportaciones. Pocas veces pensamos que Coahuila también ocupa un lugar importante en la producción de alimentos del país.

La dimensión de esta actividad merece detenernos un momento. Tan solo en la región Laguna de Coahuila se producen más de mil 538 millones de litros de leche bovina, la comarca lagunera es la principal cuenca lechera de México. El año pasado, nuestro estado produjo más de 21 mil toneladas de nuez, con un valor superior a los mil 500 millones de pesos. A esto se suma la importancia del melón, su cultivo en Coahuila ha ocupado posiciones de liderazgo nacional, así como la sandía, la manzana de la región de Arteaga y, por supuesto, la ganadería bovina, que durante generaciones ha mantenido una estrecha relación comercial con Estados Unidos. Son actividades distintas, desarrolladas en regiones con características muy particulares, pero que juntas nos hablan de un sector mucho más amplio y diverso de lo que normalmente imaginamos.

Lo interesante es que buena parte de esta producción ocurre en un territorio donde el agua siempre ha sido un desafío. Coahuila no cuenta con las condiciones naturales de otras grandes regiones agrícolas del país y, sin embargo, ha desarrollado actividades altamente especializadas, incorporando tecnología, conocimiento, experiencia acumulada durante generaciones y mucho trabajo. Esto no significa que el panorama sea sencillo. El agua, las temperaturas extremas, los costos de producción y las restricciones sanitarias al comercio ganadero nos recuerdan que el liderazgo no está garantizado. Mantener la productividad en los próximos años exigirá algo más que producir grandes volúmenes: va a ser necesario encontrar formas de hacerlo con más eficiencia, sobre todo en el uso de un recurso limitado como el agua.

Por eso creo que el verdadero valor de encuentros como los que vivimos esta semana va más allá del espectáculo o de reunir a representantes ganaderos de todo México. También nos permiten reconocer la dimensión de una actividad que muchas veces queda fuera de nuestra conversación sobre el desarrollo económico. Coahuila ha sabido construir una identidad industrial sin abandonar sus raíces rurales, y quizá uno de sus mayores retos hacia el futuro sea lograr que ambas vocaciones sigan avanzando. Porque el campo no es solamente una parte de nuestra historia ni una tradición que celebramos una vez al año. Es una actividad económica que genera empleos, abastece mercados y sostiene comunidades enteras. Y cuando hablamos del futuro de Coahuila, también tendríamos que estar hablando de su campo.

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