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El retroceso en competitividad debe preocuparnos

La competitividad es uno de esos conceptos que son casi inexistentes en el debate público. Es un indicador abstracto, un tanto difuso y, por ello, frecuentemente relegado. Después de todo, ¿qué significa que un país sea más competitivo que otro? ¿Qué consecuencias tiene alcanzar una mejor o peor posición en el ranking internacional de competitividad del Instituto para el Desarrollo Gerencial (IMD)?

El Instituto para el Desarrollo Gerencial (IMD) define la competitividad como la habilidad de las naciones para crear y mantener un clima que permita competir a las empresas que radican en ellas. En el largo plazo, la evidencia empírica es contundente: los países más competitivos tienden a ser también los más prósperos.

Por ello debería preocupar el resultado de México en la más reciente evaluación del IMD (la trigésimo octava versión). El país volvió a perder posiciones (siete), confirmando una tendencia de deterioro que se ha acentuado en los últimos años. Desde 2018, el país pasó del lugar 51 al 62 (de 70 países).

Detrás de ese resultado no hay un solo factor. De los cuatro pilares de la competitividad del IMD -desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura- México pierde posiciones. Influyen la debilidad del Estado de derecho, la incertidumbre regulatoria, el reciente deterioro institucional, la baja inversión pública, la insuficiente innovación, las deficiencias educativas y la inseguridad. A ello se suman decisiones recientes que han debilitado la confianza para invertir en el país.

Perder competitividad no produce efectos inmediatos. Su deterioro es gradual y silencioso. No provoca una crisis, pero reduce el potencial de crecimiento. Menor competitividad significa empresas más pequeñas, mayor informalidad, menor inversión, menor productividad, y, en consecuencia, de largo plazo, menos bienestar para la población.

El gobierno insiste que “todo va bien” en materia económica. Pero ranking tras ranking internacional, México se rezaga. El debate público mexicano se concentra en los resultados de corto plazo, pero poco en los factores que determinan la prosperidad de las naciones. Por ello, perder competitividad debería encender focos rojos.

En un entorno global cada más complejo y fragmentado, mientras otros países fortalecen las bases de su desarrollo, México se rezaga. El gobierno ignorará este nuevo ranking internacional y repetirá que lo importante es la mejora en algunos indicadores sociales -pobreza, salarios-; pero la competitividad no es un lujo académico, es una condición indispensable para crecer y prosperar.

Una menor competitividad condena a México a seguir navegando en el estancamiento secular en el que hoy se encuentra.

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