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El sello y el sobrecosto

Hay una corrupción que hace ruido y otra que trabaja en silencio. La primera es la de la garita, donde el oficial exige la moneda a la vista de todos. La segunda vive en los despachos, en las ventanillas de la regulación. Ambas impactan en la salud de los mexicanos.

Hace unos días un oftalmólogo me mostró la conversación que sostuvo con el hijo de un colega, cuyo padre tiene glaucoma —enfermedad que en México padecen 1.5 millones de personas—. El hijo le pedía una muestra del medicamento recetado; el médico solo tenía una. Había recorrido varias farmacias sin encontrarlo. No es un caso aislado: otros pacientes reportan lo mismo. Ese desabasto puntual tiene nombre: extorsión de trámite. El gestor que cobra por desatorar un registro sanitario, el funcionario que se toma su tiempo para dejar claro quién manda: nadie niega el permiso, simplemente se posterga hasta que alguien paga.

Pero hay otro mecanismo, más estructural, que también seca los anaqueles: el litigio de patentes. Ahí el ejemplo es el bimatoprost, principio activo de Lumigan, usado precisamente contra el glaucoma. Su patente venció en 2025. Cofepris ya había aprobado el registro de los genéricos, listos para salir al mercado. Pero un tribunal colegiado, a petición del fabricante original, extendió la vigencia hasta 2028, sin escuchar a los laboratorios nacionales que ya tenían aprobado su producto. Anafam, la cámara de los genéricos, documentó el caso esta semana y lo litiga ante la Suprema Corte. Mientras se resuelve, un solo fabricante abastece toda la demanda, sin competencia de precios ni respaldo si falla la producción.

Son dos corrupciones distintas —una cobra por acelerar, la otra bloquea para no competir—, pero comparten el mismo resultado: el paciente paga la cuenta. Nos han enseñado a ver la corrupción como una mancha moral; conviene empezar a medirla como una distorsión económica. Mientras sigan buscando ladrones en la frontera, en la quietud de los tribunales y las oficinas centrales se seguirá cobrando, sello a sello, el tributo que paga la salud de los mexicanos.

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