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En Palacio y en Pemex ya no cantarán a Silvio

Cuba se quedó sin el petróleo mexicano. Ya no hay labor humanitaria, porque las urgencias ahora se encuentran en no contrariar a Donald Trump.

¿Estaba mal que Pemex los tuviera de clientes, a sabiendas morosos?  Fue malo, porque nunca se buscó establecer un acuerdo virtuoso, aprovechar los cambios geopolíticos para incidir en un cambio que se tendrá que dar en Cuba en el corto y mediano plazo.

Es decir, la relación con el gobierno de Miguel Díaz-Canel pudo plantearse bajo un esquema realista que preparara escenarios complejos.

Lo peor es que todo responde a un equívoco, ya que el gobierno mexicano creyó que apoyar a los cubanos podía sustentarse en contratar médicos y enviar barcos con combustible y no en actuar estratégicamente para lograr una transformación del régimen que ayudara al establecimiento de la democracia en la isla.

Sí, esa era la tarea, si se trataba de auxiliar a los cubanos, de permitirles que gestionaran los alcances en la construcción de la etapa siguiente, alejada de las rigideces del castrismo, pero también de la amenaza permanente de Estados Unidos.

Se confundió a los militares cubanos y la élite del partido comunista, como si ellos fueran la población a la que había que socorrer y no a los millones de cubanos que batallan, no para encontrar gasolina, que de todas formas no hay ni en el mercado negro, sino para sobrevivir día con día.

La renuncia del gobierno mexicano a una política internacional vigorosa se puede calibrar con la penosa situación que ahora ocurre, en la que el único juego cierto es el de no traspasar los parámetros marcados por Washington y Donald Trump.

La izquierda mexicana, la que celebra a las dictaduras, la que escucha la nueva trova cubana, ahora verá cómo se cuartea o derrumba una que es pilar de sus anhelos y de su memoria sentimental.

Paradoja, sin duda, cuando sigan cantando Playa Girón, a sabiendas de que esta vez ya no se apoya a los que en teoría se debiera, y que el ahogo económico de Cuba tendrá también una pincelada mexicana.