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Entre el cielo y la tierra


Centro Ceremonial Otomí

Un lugar ideal para recibir el equinoccio de primavera.

Suspendido entre la inmensidad del cielo y la profundidad de la tierra, este santuario es mucho más que un destino en el municipio de Temoaya, Estado de México: es una experiencia que transforma.

Rodeado de una vegetación imponente, donde el verde parece tener vida propia, el silencio aquí es presencia.

Todo en este lugar está impregnado de simbología prehispánica. Cada estructura, cada trazo arquitectónico, cada espacio abierto parece contar una historia antigua que sigue latiendo. Pero hay algo que impacta desde el primer instante: las 45 esculturas gigantes e imponentes, firmes, casi vigilantes, se alzan como guardianes de este recinto sagrado, recordándonos que estamos entrando a un espacio que merece respeto, contemplación y pausa.

Sus 365 escalones para subir a una segunda explanada simbolizan cada día del año, y los doce conos cada mes, por eso me encanta visitar este lugar en una fecha tan importante como lo es el inicio de la primavera, porque el recorrido hace que reflexionemos acerca de cómo avanzamos en la vida y es un momento transformador.

En primavera, este lugar adquiere una energía distinta, el equinoccio no sólo marca el equilibrio entre el día y la noche, también abre una puerta interna. Por eso no es casualidad que aquí se realicen retiros espirituales, meditaciones colectivas y encuentros que invitan a la introspección. Es un espacio profundamente familiar e íntimo… como si cada persona que llega encontrara su propio rincón para reconectar.

Aquí, el viento no solo recorre los pasillos de piedra: te atraviesa, la naturaleza te contiene, el tiempo se detiene lo suficiente para que te escuches.

Visitarlo en esta temporada no es solo una recomendación, es un llamado. Un recordatorio de que siempre hay un momento para volver a ti.

El Centro Ceremonial Otomí se encuentra a poco más de 50 kilómetros de la Ciudad de México, y puedes llegar por dos rutas: rumbo a Chamapa o por la carretera hacia Toluca. Dos caminos que, más allá de llevarte a un destino, te conducen hacia un reencuentro contigo.

¡Nos vemos en el próximo destino!

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