Hace unos días viajé a San Luis Potosí para visitar el mítico Jardín Escultórico de Edward James. Desde hace mucho tiempo tenía la intención de conocerlo, pero lo que realmente me impulsó a hacerlo fue haber cubierto la alfombra roja de la película Leonora, interpretada por la enorme actriz y querida amiga @cassandraciangherotti.
Adentrarme en el universo de Leonora Carrington, Remedios Varo, Edward James y Salvador Dalí fue también entrar a una época donde el surrealismo encontró en México un hogar fértil para crear, sanar y trascender. Y pensar que estas grandes figuras eligieron nuestro país como refugio, inspiración y tierra de libertad, debería llenarnos de orgullo.

La película muestra parte de esta monumental obra creada por James en medio de la selva potosina: un espacio que parece suspendido entre los sueños y la realidad, refugio de historias, artistas, exilios y silencios. Caminar por ese lugar no se siente como visitar un jardín, se siente como entrar en la mente de alguien que decidió convertir la imaginación en piedra.
México ha sabido abrazar a quienes ven el mundo diferente. Aquí, entre naturaleza, caos, misticismo y belleza, muchos artistas encontraron un lugar donde su locura podía florecer.
Hay lugares que de día impresionan… pero que de noche se convierten en algo completamente mágico. Así viví mi experiencia en el Jardín de un Iluminado, un recorrido que transformó por completo mi percepción del Jardín Escultórico de Edward James.

Mientras avanzaba entre estructuras surrealistas, luces y sombras comenzaban a darle vida a cada rincón; todo parecía respirar. Las esculturas, envueltas por la oscuridad de la selva y el brillo de las estrellas, adquirían una presencia casi mística, como si despertaran únicamente para quienes se atreven a recorrerlas de noche.
La experiencia no solo se observa, se siente. Personajes inesperados aparecen entre senderos, sonidos y destellos que te sumergen en una atmósfera onírica donde la fantasía y la naturaleza se fusionan de una manera imposible de explicar. Por momentos sentí que caminaba dentro de un sueño surrealista creado por la mente de Edward James.
Una frase de James, que resuena como una oda a este lugar:
“Mi casa tiene alas y a veces, en la oscuridad de la noche, canta”.
Esa noche, el jardín sí cantó.

Fue una velada imposible de olvidar, de esas experiencias que se quedan grabadas en la memoria porque logran tocar algo más profundo que la vista: la imaginación.
Luces y sombras: El jardín iluminado
Con quién contactar? reservas@pedroyelena.org
¡Nos vemos en el próximo destino!
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