“...no creo que tenga mucho impacto, la verdad, el libro (...) Y si tiene una denuncia, pues que la ponga, ¿verdad?”
“...no creo que tenga mucho impacto, la verdad, el libro (...) Y si tiene una denuncia, pues que la ponga, ¿verdad?”

En la llamada “mañanera del pueblo” le preguntaron a la presidenta Shienbaum cuál era su posición acerca del libro Ni venganza, ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez. Ella contestó: “No lo he leído, ni lo voy a leer, porque…”
Enseguida, cuando Iba a explicar sin mayor dilación justamente por qué, abrió uno de esos largos silencios que en Palacio Nacional pesan más que cien discursos. Con el rostro tenso, ostensiblemente incómoda y como reprimiendo algún pensamiento o expresión, miró al vacío sin decir una palabra.
Varios segundos después, titubeante, dijo que “la crítica y la autocrítica siempre son importantes, siempre; pero nosotros somos parte de un movimiento de Transformación. Y repito, aunque la crítica y la autocrítica se valgan, siempre hay que ser consecuentes, siempre. Porque uno no está aquí por el poder. Ni nos impuso nadie, más que el pueblo. Y llegamos a transformar. Y hay que ser consecuentes siempre con lo que uno lucha en la vida”.
Fue una no respuesta, un largo divagar por los andamios de la retórica. Algún asesor le habría podido decir que ni sus alusiones a la crítica y la autocrítica, ni tampoco su mención a la necesidad de ser consecuentes, y mucho menos si se está o no por el poder o si se llegó a transformar, responden por qué no ha leído el libro de Scherer y no lo hará. Para fortuna (¿o desgracia?) suya, en su entorno lo que abunda es la condescendencia más irrestricta.
Sheinbaum avanzó a tientas por el rumbo que creyó correcto para no dar la explicación que ella misma se propuso dar (por qué no ha leído ni leerá el libro que toda la clase política mexicana comenta por estos días), y ya con un rostro menos severo prosiguió:
“Incluso a las personas se les valora ―lo decía el Presidente López Obrador―, muchas veces, por lo que hacen al final de su vida. Ponía de ejemplo a Zabludovsky, que trabajó mucho tiempo en Televisa, dando una información vinculada con el poder y luego, al final de su vida, fue crítico ante eso”.
Para intentar regresar, de manera general, al tema que la había llevado a estas cavilaciones sobre cómo pueden ser valoradas muchas vidas, la primera mandataria se lanzó de lleno contra el libro que no ha leído ni leerá:
“Pero pienso yo que ser parte de este movimiento requiere consecuencia, ser consecuente. No veo ―de lo que he leído en los medios― cuál es la fuente que usa para ciertas denuncias que hace. Y luego, no por nada, pero con quién se escribe también [en alusión a Jorge Fernández Menéndez, el periodista coautor del libro], y la consecuencia de ello, en términos de un movimiento de Transformación”.
Puesta a evaluar cuál será el impacto de esta obra, la Jefa del Ejecutivo no dudó en hacer algunos pronósticos:
“Entonces, no creo que tenga mucho impacto, la verdad, el libro. Sí tiene ahí en X, la red X, y en lo que se llaman el círculo rojo. Pero la gente sabe lo que es el movimiento de transformación y lo que ha representado en la vida de las personas. Y si tiene una denuncia, pues que la ponga, ¿verdad?”
Una reportera, finalmente, preguntó si esto no tendría, digamos, algún impacto en la percepción de la ciudadanía sobre el manejo del movimiento.
La respuesta de quien no ha leído ni leerá este libro era por demás previsible: “No. No, nada, cero”.
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