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España nos roba

“España nos roba”, es el grito mediocre de ciertos españoles, algunos catalanes, que tienen por programa de gobierno el victimismo, lo mismo en la política, que en el futbol cuando el Real Madrid le gana al Barcelona. El blanco de su patraña independentista es lo que ocurre en la capital, Madrid y el sistema de gobierno monárquico.

El grito de “Espana nos roba” les sirve para chupar competencias a la nación, presupuesto, contratos, privilegios y hasta impunidad. Algunos de esos pillos están prófugos por sus cochupos, como Carles Puigdemont, procesado por deslealtad a su Constitución; o bien, Jordi Pujol, sentado en el banquillo de los acusados por amasar una fortuna ilícita. Ambos gobernadores de Cataluña.

Pues en esa lista de se formó el presidente López Obrador y gritó: “España nos roba” y agregó: nos robó desde hace cinco siglos y nos debe pedir disculpas. No asombra el discurso plañidero que tantos réditos (sólo electorales) le ha dado al obradorismo, lo que extraña es que Felipe VI, también se formó en esa fila, y aceptó hablar de “abusos” de España en América, para contentar a un régimen de gobierno mexicano, que abusó de su autoridad y desapareció al Poder Judicial mexicano. Tanto monta monta tanto, Claudia como Andrés.

Felipe de Borbón, jefe del Estado español, quiere reunir a todos los países en la XXX Cumbre Iberoamericana por celebrarse en Madrid, el próximo 4 y 5 de noviembre, y para eso cayó en la trampa de los rentistas de victimismo mexicano contra España. ¿En serio “España nos roba”? La Cumbre Escudo de las Américas ya la celebró Trump, hace unos días, en su club de golf en Florida, otrora territorio español. Igual que Texas. ¿Ya le pidieron los valientes morenistas perdón a Donald por hurtar ese territorio? Cuba también era España. ¿para cuándo el reclamo a la Casa Blanca?

Si España quiere recuperar su lugar en mundo moral de habla hispana debe dejarse de historias, y reclamar el cumplimiento de la Convención Americana de Derechos Humanos. En todo el territorio que algunos señoritingos españoles dicen que civilizaron, hay un acoso permanente a los jueces. Concretamente en México no hay “tribunales competentes, independientes e imparciales”, como firmamos en el Pacto de San José. Alegar que es asunto interno mexicano, es insultar la herencia cultural, de uno de los padres del derecho internacional, el español Francisco de Vitoria.  

Por otro lado, es una ingenuidad de la corona española y los suyos, seguir el camino de insidia señalado por López Obrador: quebrar la identidad mexicana; y la necedad histórico-morenista es insaciable: Hernán Cortés seguirá siendo un villano sanguinario, y BBVA, Santander, Iberdrola, Repsol, Riu y Barceló saqueadoras de la nación mexicana. Para Morena los buenos son ellos y punto. No existieron los españoles Bartolomé de las Casas, Bernardino de Sahagún, Vasco de Quiroga. Ni el caballo o el burro que liberaron a miles de indígenas de su carga en la espalda. La hispanofobia o la indigenofobia son equivalentes e igual de repugnantes. Somos más que España y los pueblos originarios. Somos el Ulises criollo, mestizos, enormes. Aceptar sólo una parte es despedazarnos, es efectivamente sacarnos el corazón, como antes de la llegada de los españoles y mantenernos sin justicia imparcial y con tribunales de acordeón, es revivir la Santa Inquisición española.   

En Morena dicen que va ganando el rey de Macuspana al heredero de Castilla y Aragón. Pero, como el de la canción de Cri-Cri, el rey mexicano, a pesar de ser tan dulce, tiene amargo el corazón.