El ataque conjunto por parre de Estados Unidos e Israel contra el régimen teocrático iraní, iniciado el 28 de febrero , ha dividido acremente a la opinión pública internacional, entre quienes la condenan como unilateral y violatoria del derecho internacional y aquellos que alegan que el derecho internacional sólo ha servido como coartada para mantener indemne a dicho régimen, violador notorio y habitual de los derechos humanos y promotor tenaz del terrorismo internacional.
En Europa, esa visión ha llevado a una fuerte escisión entre los veintisiete. De forma ostensible, Pedro Sánchez, presidente de España, ha condenado enérgicamente la acción militar, calificándola de violación del derecho internacional, lo que lo ha convertido en un adalid del “desescalamiento” bélico y un férreo defensor del multilateralismo, la negociación y el mantenimiento de la paz global. Además, España impidió que Estados Unidos utilizara las bases militares de la OTAN situadas en su territorio, lo que provocó amenazas de Trump de detener el comercio entre ambos países.
Los partidarios del presidente español han ensalzado su postura como un gesto desafiante frente a los designios imperiales de Trump. Sus críticos cuestionan la sinceridad de su actitud, desestimándola como una cortina de humo para desviar la atención interna sobre las muchas acusaciones de corrupción que pesan sobre él, su esposa, su hermano y su gobierno, como un gesto de cara a los sectores más extremistas de su coalición, o bien, como un ardid para ganar unas próximas elecciones generales en España.
De modo inverso, el canciller alemán, Friedrich Merz, respaldó los ataques estadounidenses e israelíes contra emplazamientos balísticos, instalaciones nucleares y dirigentes iraníes. Asimismo, vinculó a Irán con la guerra de Rusia en Ucrania y con los ataques de Hamás, Hezbolá y los hutíes de Yemen, bajo el argumento de que los esfuerzos diplomáticos para poner coto a las ambiciones nucleares de Teherán fracasaron.
En Reino Unido, el gobierno de Keir Starmer, aunque inicialmente reticente a apoyar el ataque, al final permitió el uso de sus bases para atacar a Irán. Por su parte, el gobierno de Emmanuel Macron, en Francia, pese a haber calificado las acciones bélicas estadounidenses e israelíes como una violación del derecho internacional, ha terminado por brindar su apoyo sin reservas a las operaciones militares contra Irán.
Tales diferencias llevaron a que Sánchez haya sido excluido de diversas conversaciones intraeuropeas, en las que participaron Starmer, Merz, Giorgia Meloni y Macron, de cara a la guerra, lo que ha agudizado su aislamiento. Algunos de esos dirigentes le han reprochado, en público y en privado, su renuencia a aumentar la contribución española a 5% de su presupuesto.
Las tensiones entre líderes europeos aumentaron tras una reunión en la Casa Blanca el 3 de marzo, en la que Trump descalificó al gobierno español por negarle el acceso a sus bases, mientras Merz guardaba silencio a su lado. Funcionarios españoles criticaron a Merz por su falta de solidaridad, y la viceprimera ministra Yolanda Díaz denunció a los "vasallos que rinden homenaje a Trump”. Merz defiende su firme apoyo a Israel, equiparando las acciones de Irán a la invasión rusa de Ucrania, aunque se enfrenta a ataques por quienes lo acusan de priorizar a Estados Unidos e Israel sobre Europa, poniendo una vez más a prueba la unidad de la UE.
