Que este gobierno se compone en buena medida de los peores funcionarios que haya conocido México en su historia contemporánea –y quién sabe si no en toda–, es algo ampliamente sabido y documentado. Algunos de ellos en el mejor de los casos brillan por su mediocridad y servilismo, lo que los hace la mayor parte del tiempo invisibles, pero otros, que no son pocos, se han dado a conocer incluso a nivel internacional como corruptos insaciables o directamente como cómplices del crimen organizado.
No pasa un día sin que lo anterior se confirme, y si el pasado lunes a alguien estaba por olvidársele, vino a recordárselo el nombramiento presidencial que favorece a Francisco Garduño como director general de Centros de Formación para el Trabajo de la Secretaría de Educación Pública.
Como se sabe, el nuevo funcionario de la SEP se hizo famoso por estar al frente del Instituto Nacional del Migración cuando en marzo de 2023 un incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez dejó 40 migrantes muertos porque en medio del fuego nadie les abrió las celdas en las que se encontraban. Así de siniestro era (¿o es?) el manejo de estas estaciones migratorias.
Después de que un tribunal a modo confirmara la suspensión condicional de su proceso penal por dicho “incidente” –como le llaman en este gobierno a muchas de las desgracias que se producen por su ineficacia o corrupción– a cambio de “medidas reparatorias” (léase disculpa), Garduño dejó como si nada su cargo en mayo de 2025, casi dos años después de la tragedia. Y fue hasta el 26 de septiembre de 2025 que ofreció la hipócrita disculpa pública que lo libró del castigo penal.
La impunidad de Garduño en este caso –como nos recuerda hoy mismo una nota de Ignacio Alzaga en La Aurora de México– le costó al erario público más de 246 millones de pesos como pago a familiares de las víctimas. Pago por su silencio.
“Francisco Garduño es un funcionario ejemplar”, dictaminó su par en ejemplaridad, Mario Delgado, actual secretario de Educación Pública por sus servicios (tráfico de huachicol incluido, según diversas denuncias) al partido Morena. No me imagino a Vasconcelos, Torres Bodet, Reyes Heroles o Agustín Yáñez (los grandes que han presidido la SEP y que hacen aparecer tan groseramente minúsculo a Delgado), dándole la bienvenida a un señor al que se le han documentado, por organizaciones ciudadanas y de derechos humanos, millonarios desvíos de recursos, adjudicaciones directas de contratos con empresas sancionadas, junto con numerosos casos de tortura, detenciones arbitrarias, extorsiones y condiciones degradantes en los centros de detención de migrantes a su cargo.
Para darnos una idea de la magnitud que cobró el maltrato y la violación de los derechos fundamentales en el Instituto de Migración a su cargo, nada más en el periodo que va de 2019 a 2022 las quejas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos se triplicaron, pasando de 714 en 2019 a más de dos mil 100.
¿Qué capacitación, qué técnicas y oficios puede ofrecer un personaje como este a los jóvenes inscritos en los Centros de Formación para el Trabajo? ¿De veras cree Mario Delgado que Garduño “será fundamental para la reforma a la educación Media Superior que está en marcha con el BachilleratoNacional”? ¿O que sumará algo a “la actualización de la oferta educativa en educación superior que se alínea con los sectores estratégicos del Plan México y los polos de desarrollo para el bienestar”, como dice un mensaje suyo en X?
Su nuevo nombramiento refleja una vez más el desprecio que los gobiernos de Morena tienen por la Secretaría de Educación Pública y sus tareas. Por ahí han hecho pasar personajes como la hoy gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, conocida por la cobranza ilegal del 10% de su sueldo a los trabajadores de la Alcaldía de Texcoco para "financiar" a Morena, cuando ella era Alcalde; o el que ahora la encabeza, Mario Delgado, sobre quien pesan graves acusaciones como la de estar vinculado a Sergio Carmona, empresario asesinado en 2021 y señalado como uno de los principales líderes del huachicol fiscal.
Es una burla y un acto de profundo cinismo gubernamental por donde quiera que se lo mire. Garduño es y seguirá siendo un protegido más de López Obrador, con quien mantiene una amistad y complicidad de décadas que le garantizan hoy total impunidad. Claudia Sheinbaum no tiene más remedio que reciclarlo para satisfacción de su mentor y jefe, pero también para no privar a su gobierno de “funcionarios ejemplares” como este.
