Siempre desconfío de la unanimidad interpretativa entre los analistas. Una y otra vez, se repite en diferentes columnas de opinión que el operativo contra El Mencho fue un éxito. Duele muchísimo la pérdida de valerosos elementos castrenses que ofrendaron su vida en defensa de su país. Mis condolencias para ellos y sus familias. Con todo, tiendo a pensar que un operativo militar exitoso sería algo así como los ejecutados por el Ejército norteamericano en la extracción de Nicolás Maduro, en Venezuela; el secuestro de El Mayo Zambada, en México, o el asesinato de Bin Laden, en Pakistán. ¿Por qué? Por que el Ejército norteamericano no sufrió bajas en medio de aquellas operaciones. Más importante aún, en el caso que nos ocupa, el Estado mexicano perdió el control sobre Guadalajara prácticamente todo el domingo. Estamos hablando de la segunda ciudad más importante del país. No nada más se perdió la “soberanía” del Estado mexicano sobre la ciudad, sino incluso sobre su aeropuerto, donde hubo necesidad de suspender vuelos. ¿Se imagina usted al Estado francés, alemán, británico, japonés, canadiense o norteamericano perdiendo el control de la circulación de la segunda ciudad más grande de sus respectivos países? Si eso es una demostración del poder del Estado, me da miedo pensar cómo serán las demostraciones de debilidad.
Si un grupo criminal puede orillar al gobierno mexicano a pedirle a la población que no salga de casa, ya no suena tan exitoso un operativo. La policía estatal y la municipal brillaron por su ausencia a lo largo del día, mientras los narcotraficantes bloqueaban la circulación en toda la zona metropolitana. El gobernador, ya no digamos la presidenta municipal, se borraron como autoridades para convertirse en meros espectadores, enteramente rebasados por la situación. La Secretaría de Gobernación del gobierno federal jamás se hizo presente. No hubo flujo de información para calmar a la gente en tiempo real, de manera que cundieron los rumores. Mejor la Cruz Roja, en lugar del gobierno, estableció una línea de atención telefónica a víctimas del pánico generado por tanta violencia. Durante un par de días cerraron escuelas, comercios, farmacias. Recordemos que, durante lo más duro de la pandemia, no cerraron las llamadas actividades esenciales o de primera necesidad. Siguieron operando los supermercados, las farmacias. Durante este operativo y al día siguiente en Guadalajara todo estuvo cerrado. Si usted era un ciudadano de la tercera edad que requería medicamentos, no podía ir a comprarlos. Si requería abastecerse de comida, tampoco. También se suspendió el transporte público. En suma, jornadas de terror para la población, que vio a las instituciones estatales del Ejecutivo local desaparecidas y a las federales demasiado ocupadas en la refriega como para defender la integridad personal de los ciudadanos.
Lo que ha quedado evidenciado es que los criminales tienen la capacidad de poner en jaque la segunda ciudad del país cuando menos por unas horas. Esto tiene implicaciones de todo tipo y evidencia un grado de penetración en todas las actividades locales que no puede menos que asombrar al observador. La BBC de Londres publicó una nota escalofriante sobre el grado de interconexión entre los narcos y los empresarios “legales” de la ciudad.
Yo quisiera haber visto más reportajes en los medios audiovisuales sobre cómo vivieron la jornada los habitantes de la Guadalajara. Menos reproducción de boletines oficiales y más entrevistas a ciudadanos de a pie. Reportajes que reconstruyan el miedo y la parálisis de una urbe gigantesca, pues en eso consiste el periodismo de interés humano y no nada más en la repetición de la versión oficial. Una recolección de testimonios como la practicada por el gran periodismo estadounidense, por ejemplo, en el libro El desmoronamiento, del galardonado periodista George Packer.
Qué bueno que el Estado mexicano persiguió y acabó con un criminal tan peligroso. Qué grave que haya sido tan notorio, para quienes no nos especializamos en seguridad, que no había un plan de protección a la población y que la capacidad del Estado no alcanzó a contener las innumerables agresiones simultáneas de la delincuencia en tantos lugares del país. Me quedo pensando que en los próximos meses, los civiles estaremos sujetos a las represalias de la delincuencia sin que haya un plan de la autoridad para protegernos. Ojalá me equivoque…
