La Odisea en la agenda mexicana. Los clásicos discurren con las sociedades a través de los siglos, de los milenios. Ese el caso de La Odisea, cuya versión cinematográfica no sólo ocupa la atención del mundo del espectáculo y la cultura mediática global. Denise Dresser ilustra la recepción en México con sugerente artículo de este lunes en Reforma: ‘Nuestra Odisea”.
Toque. Desde su mañanera de este lunes la presidenta seguro encontró ocupado su lugar de elite en la conversación pública, rezagada por un temario, una actitud y un par de historias a la defensiva, lastradas con dos cargas ajenas. Por un lado, la indefendible custodia de la impunidad de Rocha Moya. Por otro, su árida arbitrariedad del encarcelamiento de Ernesto Ruffo. Nada que hacer frente a la paradójica novedad de una historia épica, propositiva que pregonaban los rapsodas, unos 2 mil 900 años atrás, entre lo que hoy es Turquía y la antigua Grecia. Atribuida a Homero ya en letra escrita, un siglo después, ahora ocupa la atención de millones en el mundo y de miles de mexicanos que abarrotan los cines, entre ellos, quien aquí les da un toque de la inabarcable versión cinematográfica de La Odisea de Christopher Nolan.
Inframundo. Son numerosas las asociaciones que despierta en el siglo XXI esta nueva lectura del poema. A Dresser le sugiere la llegada a México en 2018 de un caballo de Troya para derribar los muros de un incipiente Estado democrático. Yo veo a un Odiseo, hoy en las sombras, escuchando en su escala en el inframundo a una de sus víctimas advirtiéndole que las sombras no consuelan. Y, en el espejo de México, a Ítaca, estancada en la incertidumbre y el vacío de poder, presa de las ambiciones de los pretendientes de Penélope para apoderarse de reino.
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