¿Cuántas empresas pueden sobrevivir sin saber cómo enfrentar la competencia local y global, las innovaciones tecnológicas, los cambios en los patrones de consumo, la inestabilidad macroeconómica, la creciente velocidad de todos esos cambios y otros muchos factores de los que depende su viabilidad? Para eso está la planeación estratégica, para poder identificar, prevenir y administrar esos riesgos y amenazas y aprovechar las oportunidades. Pero no puede haber planeación estratégica sin inteligencia, en este caso, inteligencia de negocios, inteligencia de mercado e inteligencia económica. Hay muchas historias de empresas que, al no hacerlo, en el mejor de los casos sobreviven estancadas, pero en el peor, desaparecen.
Si los análisis de riesgos basados en las múltiples inteligencias existentes son indispensables para la viabilidad y sobrevivencia de las empresas y las economías, ¿qué se puede decir de los gobiernos que desaparecen la política de seguridad nacional, que tiene precisamente como objetivo identificar, prevenir y administrar los riesgos y amenazas a la viabilidad de las instituciones del Estado, a la funcionalidad de los gobiernos, al bienestar de la sociedad y a la soberanía del país?
Los países no pueden quebrar como las empresas, pero la debilidad de las instituciones del Estado –piense en las policías, las escuelas y hospitales públicos, en la procuración e impartición de justicia; en la corrupción por la ausencia de mecanismos de vigilancia y supervisión del gasto público— y la disfuncionalidad e incompetencia de los gobiernos –recuerde la calidad de los servicios públicos de su ciudad— pueden degradarse y deteriorarse a tan nivel que impiden y destruyen el bienestar de la población.
Pero la política de seguridad nacional también debe hacerse cargo de amenazas y riesgos globales, como posicionarse ante cambios geopolíticos, prevenir pandemias, ataques cibernéticos a las instalaciones y la información estratégica del país; los impactos del calentamiento global; defenderse de presidentes estadounidenses que ven a México como una amenaza contra su país.
No tener una política de seguridad nacional que se haga cargo de todo lo anterior es garantía de que habrá un deterioro gradual pero inexorable e imparable del Estado y de todos los servicios y bienes públicos que debiera producir para el bienestar de la sociedad y exponerlo a amenazas del exterior sin las defensas adecuadas. Significa poner en riesgo la viabilidad del país y cancelar cualquier futuro deseable.
Pues los dos gobiernos de la 4T la desparecieron y además desmantelaron la institución responsable de elaborarla, el Cisen, hoy CNI. Ahora este hace inteligencia para combatir al crimen organizado, pensando equivocadamente que la seguridad nacional es lo mismo que la seguridad pública.
Por no tener política de seguridad nacional el gobierno da palos de ciego en política exterior y no sabe cómo enfrentar la agresiva política antimexicana de la Casa Blanca; también por eso cree que el crecimiento económico es compatible con la destrucción del Poder Judicial y del Estado de derecho; que se puede destruir la democracia y tener un gobierno eficaz y eficiente, y que las organizaciones criminales pueden ser un socio confiable para gobernar.
Esa es la razón por la cual cinco exdirectores del Cisen acabamos de publicar un libro[1] que aporta ideas y reflexiones desde la experiencia, para el diseño de una política de seguridad nacional y la restitución de las tareas y facultades originales al CNI. Ojalá, por el bien del país, que alguien del gobierno escuche y atienda.
[1] https://www.youtube.com/watch?v=pMP2152TfG4.
Recomendar Nota
