Pocos personajes han construido una carrera tan extensa, resistente y singular como la suya. A lo largo de más de cuatro décadas ha sido jugador, auxiliar y entrenador
Pocos personajes han construido una carrera tan extensa, resistente y singular como la suya. A lo largo de más de cuatro décadas ha sido jugador, auxiliar y entrenador

Javier “El Vasco” Aguirre es el eterno bombero. No es el entrenador más revolucionario que ha dado el futbol mexicano. Tampoco fue el futbolista más talentoso de su generación. Mucho menos el más polémico de los directores técnicos que han pasado por el banquillo tricolor (no necesariamente por falta de historias que recordar). Sin embargo, el nunca negarse a decirle que no a la selección mexicana, a pesar del mal momento que pase, le han ganado un lugar especial en la historia del futbol mexicano.
Pocos personajes han construido una carrera tan extensa, resistente y singular como la suya. A lo largo de más de cuatro décadas ha sido jugador, auxiliar y entrenador. En este tiempo también ha dirigido en tres continentes, ha salvado equipos condenados al descenso, y se ha convertido en el técnico al que México suele recurrir cuando las cosas parecen salirse de control.
Aguirre Onaindía nació el primero de diciembre de 1958 en la Ciudad de México, y desde niño desarrolló una personalidad competitiva, intensa y frontal que más tarde trasladaría al futbol. En este campo, en donde él mismo se consideraba un “jugador de medio pelo”, demostró que su disciplina, su inteligencia táctica y, sobre todo, su competitividad compensaron su falta de talento natural.
“El Vasco”, quien se ganó el apodo por la ascendencia española de sus padres, se formó en el Club América, donde debutó a finales de los años setenta. Ahí jugó cinco años antes de ir a Los Angeles Aztecs, en Estados Unidos. Un año después, regresó al Atlante antes de saltar al también azulgrana Osasuna en 1986. En una época en la que no era muy común que los jugadores mexicanos brincaran a Europa, El Vasco tuvo que enviar una grabación de sus mejores momentos para ser aceptado por el club español, en donde jugó hasta 1987 antes de su regreso a las Chivas, equipo en el que se retiró.
Es curioso que uno de los momentos más recordados de su etapa en América ocurrió en la final de la temporada 1983-84 frente al Guadalajara. Aguirre anotó un gol decisivo en aquella serie que terminó dando el campeonato a las Águilas. Años después daría un paso a un lado en su carrera profesional en el mismo equipo que ayudó a derrotar tantos años antes.
Con la selección mexicana disputó 59 partidos internacionales y anotó 13 goles. Formó parte del equipo que jugó el Mundial de México 1986, el torneo más exitoso del Tri en una Copa del Mundo junto con el de 1970.
Sin embargo, su participación en aquel mundial quedó marcada no por su aparentemente inexistente habilidad técnica, sino porque en el partido de cuartos de final contra Alemania Occidental fue expulsado. El Vasco Aguirre, quien ya desde entonces demostraba que en efecto tiene la mecha corta, se convirtió en el primer futbolista mexicano en ser expulsado en un Mundial. Ese partido dejaría fuera a México en penales.
A pesar de que como mediocampista disputó una carrera larga y respetable, los reflectores de aquella época parecen pequeños en comparación a los que alcanzaría después como entrenador. Su carrera como técnico comenzó en el Atlante en 1996. Después, con los años, se iría consolidando su fama como especialista en rescates, en ser ese entrenador al que llamaban los equipos con problemas deportivos y que él encontraban la manera de mantenerlos a flote.
La primera vez que llegó a la selección mexicana, a la que ha dirigido en tres mundiales contando el que inició este jueves, fue en 2001, previo a Corea-Japón 2002. En medio de la emergencia que por la que atravesaba México atravesaba después de una complicada eliminatoria, la Federación levantó por primera vez el teléfono rojo y recurrió a “El Vasco”.
El técnico tomó al equipo en crisis y logró clasificarlo. Posteriormente avanzó a los octavos de final del Mundial de Corea-Japón 2002. El empate 1-1 contra Italia y el gol de cabeza de Jared Borgetti después del pase de Cuauhtémoc Blanco quedará en la memoria de todos los mexicanos que tuvimos la suerte de haberlo visto. Lamentablemente, el eterno tope tricolor se hizo presente, y la selección cayó en octavos de final ante Estados Unidos.
A su regreso, la selección y “El Vasco” partieron caminos, y el entrenador regresó al Osasuna en donde vivió tal vez una de sus mejores etapas como director técnico. En ese momento, el club peleaba por no descender, por lo que Aguirre hizo lo que mejor sabe hacer. Lo salvó y posteriormente lo llevó a disputar competiciones europeas. Años después alcanzó una histórica clasificación a la Liga de Campeones de Europa y una semifinal de la Copa de la UEFA.
Sin embargo, ocho años después de esa primera llamada que lo llevó de emergencia al banquillo nacional, la historia se repitió. Como suele suceder con la selección a la que parecen gustarle las emociones cardiacas, México volvió a tener problemas en la eliminatoria mundialista y Aguirre regresó para enderezar el rumbo. Clasificó al equipo a Sudáfrica 2010 y nuevamente alcanzó los octavos de final, donde fue eliminado, esta vez por Argentina.
En esos años, “El Vasco” pasó por los equipos Japón y Egipto, etapas que quedaron opacadas por sus pasos por Osasuna y por la selección mexicana.
Fue hasta 2024 que llegó el tercer y último (hasta el momento) llamado para que regresara a casa, y Aguirre fue nombrado por tercera ocasión entrenador nacional, ahora con la misión de preparar al equipo anfitrión para el Mundial de 2026. La diferencia clara es que en esta ocasión lo acompaña como auxiliar Rafael Márquez, considerado por muchos su sucesor natural.
Claro que durante todo este tiempo en el reflector, más la mecha corta conocida del bombero-entrenador, es imposible quedarse al margen de la polémica. Probablemente la más famosa de su carrera como entrenador ocurrió durante un partido entre México y Panamá en la Copa Oro de 2009. Cerca de la banda, el panameño Ricardo Phillips fue a disputar un balón que salía del campo y Aguirre, que estaba visiblemente molesto por el desempeño de México, invadió la zona de juego y le lanzó una patada.
La acción provocó una bronca entre jugadores y cuerpos técnicos, y ambos fueron expulsados. Además, la Concacaf sancionó a Aguirre con tres partidos de suspensión y además multó a la Federación Mexicana.
Sin embargo, lo más interesante fue que el mexicano nunca negó el incidente. Por el contrario, asumió su error, ofreció disculpas públicas y reconoció que había perdido el control. Esa pasión y competitividad que lo llevaron a compensar su falta de habilidad como jugador seguía presente en él como entrenador.
Ese mismo carácter se vio también en la recordada conferencia de prensa en la que un reportero le insistía en que había hecho un corte de manga durante un juego. Cansado, Aguirre le dijo que en México, dar un manotazo no es una grosería, sino que en su país de origen se ponía un brazo en el pliegue del otro, se levantaba el codo hacia la oreja y se decía “chingas a tu madre”.
En el lado menos gracioso de sus polémicas se recuerda la investigación en su contra cuando estuvo al frente del club Zaragoza, en la que fue señalado por las autoridades de España por un presunto amaño cuando el equipo se enfrentó al Levante la temporada 2010-2011.
La fiscalía española sostuvo durante años que jugadores y directivos del Zaragoza habrían realizado pagos para asegurar un resultado favorable que evitara el descenso del club. Aguirre siempre negó cualquier participación. Tras un largo proceso judicial, la justicia española terminó por absolverlo.
Aguirre ocupa un lugar singular en la historia del futbol mexicano. No es el técnico con más títulos ni el más innovador tácticamente. Su legado está en otra parte: en la capacidad de reconstruir equipos dañados, competir en entornos adversos y mantenerse vigente durante más de treinta años en una profesión que suele devorar carreras rápidamente.
En días pasados, el académico y expresidente fundador del entonces Instituto Federal Electoral (IFE) se atrevió a soñar con un México campeón del mundo, y dijo que en caso de que el país lo gane todo, se debería de candidatear a Javier Aguirre para presidente . Si eso llega a pasar, “El Vasco” tendría mi voto.
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