Puesto en el ojo del huracán, el poderoso exvocero de AMLO y actualmente coordinador de Asesores de la Presidencia, tiene una trayectoria que hoy más que nunca vale la pena conocer
Puesto en el ojo del huracán, el poderoso exvocero de AMLO y actualmente coordinador de Asesores de la Presidencia, tiene una trayectoria que hoy más que nunca vale la pena conocer

Digno representante del Ministerio de la Verdad de 1984, hace tiempo que Jesús Ramírez Cuevas adoptó el doblepensar como arma política para dinamitar la conversación pública.
Llevó esta herramienta a su máxima expresión como vocero durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, donde juró y perjuró que había “libertad de opinar y cuestionar como nunca antes”, mientras, al mismo tiempo, se le señalaba de sembrar preguntas en las conferencias mañaneras.
Como vocero de la Presidencia, en teoría tendría que haber dado la cara para explicar decisiones de gobierno y responder a medios, función de alto perfil en el contexto polarizado de la política mexicana.
Sin embargo, en los pasillos de Palacio Nacional se decía que cuando estuvo al frente de la comunicación del gobierno pasado, prefería el anonimato y, escondido dentro de su camioneta, soltaba información a los periodistas a través de la ventana y sin que pudieran citarlo.
Como reportero en La Jornada, Ramírez Cuevas escribió sobre movimientos sociales, condenó desapariciones y hasta publicó una entrevista con Carlos Monsiváis en la que el escritor advirtió que “la obsesión electoral ha sido el beso de la muerte para el PRD”.
Fue el mismo Monsivais quien acercó a su pupilo con López Obrador, junto a otros de sus colaboradores cercanos, como Jenaro Villamil, titular del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR), y Rafael Barajas El Fisgón, al mismo tiempo caricaturista en La Jornada y presidente del Instituto Nacional de Formación Política (INFP) de Morena.
Años después, ya instalado en el poder, atacó o desacreditó al periodismo independiente, condenó que se violaran derechos y que se exhibiera a comunicadores reales que sólo hacían su trabajo.
Múltiples veces acusado, pero nunca juzgado, a Ramírez Cuevas se le señala por ser el cerebro (por decirlo de alguna manera) detrás de las mañaneras que instauró el expresidente López Obrador, esas mismas que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Artículo 19 señalaron de ser armas para desacreditar a los críticos más que espacios informativos.
Cobijado por un discurso con el que el gobierno pasado juraba y perjuraba que que en México se respetaba la libertad de expresión, el que alguna vez ejerció como reportero condenó (cuando menos) ataques frontales a excompañeros suyos, como fue la publicación del presunto sueldo que recibía Carlos Loret de Mola, con lo que se violó el secreto fiscal y se demostró que el gobierno era capaz de ir más allá de la exhibición pública.
También se ha dicho que el exvocero está detrás de impulsar a los youtubers afines a la autodenominada 4T, con lo que se limitó la participación de periodistas reales y para darle paso a las preguntas fáciles de responder y que esconden dentro de ellas más elogios que cuestionamientos.
¿Cómo olvidar que el expresidente López Obrador tenía tan buena salud que “parecía corredor keniano”?, pregunta que nunca se comprobó si provenía desde el vocero o desde el ronco pecho de la reportera que no pudo contener su emoción precoz.
En este contexto, Ramírez Cuevas también se confrontó con el relator para la libertad de expresión de la CIDH, Pedro Vaca, después de que el experto internacional le pidiera a la administración de López Obrador que reconsiderara el espacio de “¿Quién es Quién en las mentiras?”.
En esa sección, la también exreportera de La Jornada, Liz Vilchis, exponía a periodistas, comunicadores y críticos del régimen en general y, en medio de ataques a las personas, “rebatía” la información.
Ante estos actos, Vaca sostuvo que este espacio afectaba al debate público con tácticas de señalamientos y culpabilidad que atentan contra la libertad de expresión y la democracia.
En respuesta, con esa elocuencia digna de quien se siente más grande de lo que es, Ramírez Cuevas sostuvo que “el gobierno busca reducir el daño de la desinformación y las mentiras. No se desacredita a periodistas ni a medios, se estigmatiza la mentira”.
La implementación de estos espacios no fue el único mal que parece haber dejado Ramírez Cuevas, que se hizo con diferentes enemigos durante su estancia en el poder.
Entre 2023 y 2024, la entonces directora de la agencia Notimex, Sanjuana Martínez, lo acusó públicamente de orquestar una “campaña siniestra” en su contra y de supuestamente usar recursos públicos para promover líneas comunicacionales a favor del gobierno y en detrimento de críticos.
En su momento, Martínez aseguró incluso que existían audios y mensajes que lo implicaban en la estrategia comunicacional para debilitar a ciertos periodistas.
Estas acusaciones, como todo lo relacionado a la cúpula de la 4T, nunca se han podido probar, mucho menos sancionar.
El control que ejerció como encargado de la comunicación de la presidencia no se limitó a su oficina, mucho menos a su área de responsabilidad. En oficinas de comunicación social de otras dependencias decían en voz baja, y casi sin querer admitirlo, que el entonces vocero tenía que aprobar los materiales que publicaban y hasta los eventos que planeaban.
Lo que podría bien ser un chisme que se presenta prácticamente en cualquier trabajo, también encajaría bien en la estrategia que siguió López Obrador durante su sexenio, que acaparó por completo la comunicación del gobierno y, cuando quería que sus secretarios hablaran, los llevaba a la conferencia mañanera a que dijeran lo que tuvieran que decir mientras él los observada fijamente a sus espaldas.
Como mucho de lo que dejó el expresidente López Obrador, Ramírez Cuevas se mantiene firme dentro del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, en donde ocupa el cargo de Coordinador de Asesores de la presidenta.
Esto sólo le ha provocado nuevas críticas, ya que se ha acusado a Ramírez Cuevas de ser un “activo tóxico” dentro del entorno de Sheinbaum, debido a su estilo combativo con los medios y a disputas dentro de los círculos morenistas en torno al control de la comunicación y la agenda narrativa.
Ahora, en el libro Ni Venganza Ni Perdón, escrito por el exasesor jurídico de López Obrador, Julio Scherer Ibarra, en coautoría con Jorge Fernández Menéndez, fue acusado nuevamente de abusar de su poder.
En un adelanto publicado en la revista Proceso, Scherer Ibarra sostuvo que el exvocero utilizó el decreto que estableció una «compensación vitalicia por justicia social» para extrabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro (LyFC) para sus intereses políticos.
Además, el exaseor jurídico de la presidencia sostuvo que Ramírez Cuevas habría sido el encargado de abrirle la puerta a Sergio Carmona, conocido como “El Rey del Huachicol”, para que financiara las campañas de Morena.
En respuesta, el exvocero se apegó al mismo guión que ha construido durante los últimos siete años. En un escurridizo discurso en el que pareció haber concentrado todas las mañaneras que se han dado desde 2018 hasta la fecha, se deslindó de los dichos de Scherer Ibarra.
Dejó ver que no pasará de eso, no habrá denuncias judiciales, sin dar mayor explicación alguna. En lo que sí insistió es que, según Ramírez Cuevas, los dichos de Scherer Ibarra no le van a afectar en lo más mínimo, y que sus adversarios “se van a quedar con las ganas”.
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