Un grupo de manifestantes portan letreros en los escalones de la Suprema Corte de Justicia en Washington: Demócratas en venta. Lo mismo podría decir: Republicanos en venta. El juego entre política y dinero es el mismo. Los millonarios destinan fortunas para que sus candidatos elegidos adopten leyes que maximicen sus ganancias.
Nada nuevo habrá mañana en las elecciones intermedias de EEUU, las más caras de la historia con 11,600 millones de dólares. Votará la ciudadanía y ganarán influencia los 525 millonarios que canalizaron este año 4,200 millones de dólares en super PAC´s, comités para apoyar o atacar a candidatos republicanos y demócratas.
La desigualdad crece más. Un análisis del NYT indica que, entre 2017 y 2025, el patrimonio del 1% de la población de EEUU aumentó un 120%. Los más ricos tienen 55.8 billones (trillones) de dólares en activos, más que el PIB de EEUU de 20 billones de dólares.
Con ese nivel de riqueza prácticamente no hay límites para lo que se puede comprar, incluidos resultados electorales. En la cima de la concentración, 20 multimillonarios en EEUU tienen una riqueza de 4 billones (trillones) de dólares, casi la mitad de la fortuna de los siguientes 400 más adinerados.
Son excepcionales los candidatos que, como el senador progresista Bernie Sanders, rechazan aportaciones millonarias a través de super PAC´s. Los donantes individuales para su campaña presidencial aportaron en promedio 27 dólares.
El esquema electoral es sencillo. Los 435 candidatos que mañana serán electos a la Cámara de Representantes y los 35 (de 100) al Senado requieren cada vez más dinero para sus campañas políticas para propaganda en medios masivos y redes sociales. Los millonarios los financian y a cambio tienen la llave para modelar el rumbo económico y legislativo de EEUU.
Aunque hay intereses divergentes entre los megamillonarios, impulsan políticas que les son afines, como la exención de impuestos, la desregulación a sus corporaciones y leyes ambientales a modo para sus industrias.
Los grandes capitalistas están pendientes de los riesgos de las tasas de interés, la inflación, tarifas arancelarias, la guerra en Irán y la inteligencia artificial. Pero los mercados leen a las elecciones intermedias como un evento predecible, independientemente de quién gane.
Las 500 empresas del Índice S&P que concentran el 80% del valor monetario total de las acciones en EEUU, juegan sobre seguro: el 55% de sus aportaciones son para republicanos y 45% va a demócratas.
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