Los hermanos Rodríguez ya estaban en tratos con la agencia de Inteligencia, para "el día después", revela El Español
Los hermanos Rodríguez ya estaban en tratos con la agencia de Inteligencia, para "el día después", revela El Español

Un informe clasificado de la CIA, presentado al presidente de Estados Unidos Donald Trump antes de la operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, concluyó que Delcy Rodríguez era la figura mejor posicionada para asumir el poder y preservar el orden en Venezuela en un escenario sin el líder chavista.
La información, revelada por El Español, describe una estrategia de Washington basada en la estabilidad inmediata y no en una ruptura total del régimen.
De acuerdo con el documento de inteligencia, un sucesor surgido del propio chavismo tenía más probabilidades de controlar a las Fuerzas Armadas, contener estallidos sociales y garantizar continuidad administrativa que una oposición sin palancas reales dentro del aparato de poder. Esa lectura, según fuentes citadas por The Wall Street Journal, fue compartida con un círculo reducido del equipo de seguridad nacional y resultó clave para planear el llamado “día después” de Maduro.
El informe señalaba de forma explícita a Delcy Rodríguez —entonces vicepresidenta— como la dirigente con mayor capacidad para sostener el andamiaje institucional y evitar un colapso del Estado. En la balanza de la Casa Blanca, pesó más el cálculo pragmático de corto plazo que la apuesta por una transición encabezada por la oposición.
Esta visión chocó con las aspiraciones del bloque opositor liderado por María Corina Machado, que reclamaba el reconocimiento internacional del triunfo electoral de Edmundo González en los comicios presidenciales de 2024, avalado por diversos actores internacionales. Sin embargo, Washington optó por respaldar un relevo interno que garantizara gobernabilidad inmediata.
El propio secretario de Estado Marco Rubio reconoció en entrevistas televisivas que Estados Unidos trabajaría “de momento” con el gobierno encabezado por Rodríguez, ante el hecho de que buena parte de la dirigencia opositora se encontraba en el exilio o con capacidad limitada de acción dentro del país.
El giro no fue improvisado. Según reconstruye El Español a partir de fuentes estadounidenses y reportes del Miami Herald, Delcy Rodríguez y su hermano, Jorge Rodríguez, llevaban meses explorando canales discretos con emisarios de Washington para diseñar un escenario de “madurismo sin Maduro”.
A lo largo de 2025, los Rodríguez promovieron la idea de un régimen continuista, pero más “aceptable” para Estados Unidos, capaz de preservar la estabilidad y, a cambio, ofrecer apertura política limitada y garantías a intereses estadounidenses, en particular en petróleo y minería. Fuentes con conocimiento directo confirmaron contactos reiterados con interlocutores cercanos a Rubio y otros actores republicanos.
Los acercamientos incluyeron al menos dos reuniones en Catar, en abril y septiembre, donde se discutieron fórmulas de transición condicionadas: garantías de seguridad para Maduro, posible congelamiento de procesos judiciales en su contra y mayor acceso de empresas de EU a sectores estratégicos de la economía venezolana.
El primer borrador contemplaba que Delcy asumiera la presidencia, mientras Maduro permanecía en el país con garantías personales. A cambio, el chavismo se comprometía a evitar un vacío de poder y facilitar inversiones estadounidenses.
Una versión posterior planteó una transición en dos tiempos: Rodríguez encabezaría una fase inicial y luego cedería el mando a un general retirado de perfil tecnocrático, Miguel Rodríguez, exiliado en España.
En ninguno de los esquemas figuraba María Corina Machado. Los negociadores chavistas la describieron como “demasiado firme” e “inflexible” para un acuerdo que preservara el núcleo del aparato heredado de Maduro.
Del rechazo al giro estratégico
Pese al avance de esas conversaciones, la Casa Blanca rechazó inicialmente la “opción Delcy”. Durante meses predominó la línea dura que exigía una salida total de Maduro sin concesiones, impulsada por sectores republicanos reacios a pactar con figuras del chavismo.
El punto de inflexión llegó cuando el Pentágono presentó como viable una operación quirúrgica para capturar a Maduro. Fue entonces —según las fuentes— cuando la CIA advirtió que la única continuidad viable tras una detención del líder chavista pasaba por Delcy Rodríguez, dado que el poder real seguía en manos de militares y cuadros del régimen.
La convergencia entre el informe de inteligencia y los puentes ya tendidos por Delcy terminó por convertir en solución aquello que antes había sido descartado.
La estrategia estadounidense entraña costes políticos evidentes. Washington legitima de facto a una dirigente sancionada e investigada por presuntos vínculos con el Cartel de los Soles, las mismas acusaciones que se utilizaron para justificar la captura de Maduro.
Fuentes citadas por el Herald recuerdan que Delcy y Jorge Rodríguez han sido señalados como operadores financieros de redes asociadas al narcotráfico chavista, lo que coloca a Estados Unidos en una posición incómoda: depender de actores a los que, al mismo tiempo, persigue judicialmente.
Para la administración Trump, el cálculo se resume en un equilibrio entre principios y pragmatismo: sacrificar una transición inmediata encabezada por la oposición en favor de una estabilización controlada desde dentro del régimen, con la expectativa de conducir, a mediano plazo, hacia una apertura mayor que garantice orden interno y acceso al petróleo venezolano.