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La CIA y el diablo

El cinismo en política es un arma para engañar, manipular o ser irónico hasta la burla. Pero algunos políticos desilusionados con la realidad se ven orillados a decir la verdad. Mike Pompeo, director de la CIA en el  primer gobierno de Trump, explicó en la Universidad de Texas cómo se aprende en la Compañía: tenemos cursos de formación completos: robamos, mentimos y engañamos.

La CIA siempre se dedicó al trabajo sucio, clandestino y su información era reservada. Pero en la era Trump la CIA trabaja lo mismo abierta a la luz del día que en la profundidad de las cavernas. Estábamos acostumbrados a ver a Trump como un bocazas, alguien que intimida sin consecuencias. Después de Venezuela hay que tomar muy en serio sus amenazas.

La CIA, como el diablo, primero te pide el meñique para quedarse con la mano, luego el brazo, el cuerpo y al final el alma. Toda Venezuela sabía de la presencia de la CIA en el territorio. La Compañía infiltró al gobierno, bombardeó 34 lanchas en el Caribe y el Pacífico; a un puerto, y una vez desestabilizado el país con una estela de más de 110 muertos, su director, John Ratcliffe, aterrizó en Caracas como el príncipe de la  paz de Donald Trump.

En Venezuela, Trump engañó con la verdad, anunció la presencia desestabilizadora de la CIA con toda antelación. Fue un aviso premonitorio para derrocar a Nicolas Maduro y fijar luego sus condiciones para abrir a las compañías norteamericanas las mayores reservas petroleras del mundo.

Con toda anticipación, Estados Unidos ya alertó a México sobre el posible despliegue militar en el Pacífico mexicano, centrado en Mazatlán con eventuales interferencias satelitales a la navegación aérea. Tras llevar a cabo bombardeos navales en el Caribe y el Pacífico, Trump además mencionó operaciones militares de EU en territorio mexicano para combatir al narco y destruir sus laboratorios.

Con Maduro preso en NY, John Ratcliffe se presentó en Caracas como un procónsul de la era romana. Dejó en claro que Delcy Rodríguez gobierna, pero quien manda en Venezuela es la CIA. De la mano de Ratcliffe, el chavismo prolongó su agonía al aceptar las condiciones de Estados Unidos: dar la espalda a sus aliados rusos, cubanos, chinos e iraníes, controlar al aparato represivo y la expulsión de Venezuela de grupos guerrilleros colombianos remanentes de las FARC y del ELN implicados en el  tráfico de drogas. 

México es extremadamente importante para la CIA, ha espiado con satélites y tecnología de punta, teléfonos celulares y computadoras al ejército, líderes políticos, empresarios, periodistas y al narco. Tiene, al igual que la DEA, a cientos de informantes en su nómina. 

Ratcliffe dijo en el Capitolio que en la nueva era Trump desea dirigir una agencia más agresiva. “Hay que prepararse para llegar a los lugares a los que nadie puede ir y hacer cosas que nadie ha hecho antes”, afirmó. El director de la CIA podría estar refiriendo a acceder a los lugares más apartados de la Sierra Madre Occidental donde se esconden los narcos. Y algo inédito, bombardear con drones de la CIA a narcos y a sus laboratorios como lo hacen en Pakistán y Afganistán y Somalia. 

Sin respuesta aún de México, el gobierno de Trump ha presionado por vías diplomáticas para que entregue a EU a políticos relacionados con el tráfico de fentanilo y coca, ligados al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación. El presidente Trump dijo que la CIA y el Pentágono conocen las rutas, operaciones y ubicaciones de los cárteles. Mientras CSP practica la diplomacia telefónica con Washington, Trump engaña como la CIA; presiona, rompe acuerdos, viola su Constitución, leyes internacionales y derechos humanos. La  pregunta es ¿cuándo apretará el gatillo?