Semana cuatro en Aurora. Estamos en el país de las maravillas. Se invertirán 400 mil millones de dólares en los próximos años. Es el acuerdo entre los empresarios y el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La cifra, por inaudita, parece llamada a engrosar el costal de las promesas rotas, pero mientras, ahí está el dato, como intentado conjurar las predicciones de agencias y analistas.
Como suele ocurrir, hay detalles, cabos sueltos, cuestiones no amarradas. Lo primero, se tiene que contar con las garantías jurídicas del caso. Nadie invierte en un pantano de incertidumbre, y quizá por eso México no crece.
Los empresarios no confían en el Poder Judicial recién electo, aunque sí en el Poder Ejecutivo todo poderoso, pero el problema radica en que en esos extremos hay amplias franjas de incertidumbre.
La semana se definió por su cierre. Día de la Constitución, momento estelar de la presidenta Sheinbaum, porque, con la excepción de Kenia López Rabadán, representante del Poder Legislativo y de Mauricio Kuri, el gobernador de Querétaro, ya todo le pertenece a la 4T.
“No volverán los privilegios”, dijo la titular del Ejecutivo, cuando no sabía que se estaba gestando un escándalo que pone en entredicho cualquier discurso sobre la superioridad moral de los que ahora gobiernan.
Al presidente de la Suprema Corte, el ganador de la contienda de los acordeones, el que sostiene que acercará la justicia al pueblo, se dejó limpiar los zapatos por una de sus colaboradoras, la que, arrodillada, quitaba mugre de los zapatos del ministro. Indignante, por donde quiera que se la vea.
Esto empalma con el informa de HRW que señala que durante el gobierno de López Obrador se socavó la independencia judicial, la transparencia y el Estado de derecho.
Cuando las instituciones se debilitan, ocurren cosas sorprendentes, que muestran que estamos lejos de conocer los límites en las tropelías.
Ahora se entiende que la semana sea de negación, como con las revelaciones del Financial Times, que dan cuenta de maletas de dinero, enviadas por Hugo Chávez para la campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2006.
La fuente es un alto funcionario que conoció del asunto, el que no le extraña a Guadalupe Acosta Naranjo, integrante del PRD en aquellos años, y distanciado del obradorismo al grado de que está a punto de culminar los trámites para que SomosMX se convierta en partido político.
Todo puede ser, pero el silencio no ayuda, añade a las sospechas y desata conjeturas diversas.
Como las que cubren, por cierto, al excoordinador de los senadores de Morena, defenestrado en la plenaria del fin de semana.
Adán Augusto López perdió una posición relevante, pero mantiene el fuero y la influencia.
Como ya no hay instrumentos de transparencia, ahora todo se resuelve en quién controla la agenda, por eso ya se confirmó que México no está enviando petróleo a Cuba y que a cambio de ello le manda libros de texto.
Lo que debería saberse aquí, se termina conociendo porque así lo disponen en Washington.
