Culiacán, Sin.- Desde el gobierno federal se trata de mostrar la imagen de un Sinaloa en pleno auge productivo. Pero no es así. Basta recorrer las zonas comerciales para constatar el cierre de negocios, la caída del mercado interno, y un desempleo incontenible. La violencia, asesinatos, quema de comercios y viviendas, y el robo de vehículos, siguen sin control. Esta es la herencia maldita que deja Rocha Moya.
Este no es un escándalo político ordinario. Tiene efecto catastrófico sobre toda la sociedad. Su legado es producto de haber entregado el gobierno al crimen organizado, cuyos personajes secundarios aún están ahí, diseminados por todo el organigrama de la administración pública. Se fue el gobernador, pero todo sigue igual que antes.
Rocha Moya colocó a la economía de Sinaloa en su peor nivel de PIB per cápita desde 2015. Retroceder una década en este indicador significa que el sinaloense hoy vive en condiciones similares a las de hace 10 años. Con la diferencia de que enfrenta niveles de deterioro y violencia aún mayores. El salto hacia atrás es evidente.
La economía estatal está en una crisis real y de profunda dimensión. El empleo formal se destruye, la inversión huye, el PIB retrocede, los presupuestos se recortan y la percepción de inseguridad cada día alcanza niveles históricos. Hoy por hoy, en el contexto nacional, Sinaloa es de las entidades con menores niveles de salarios y de empleo formal.
El campo está destruido, las exportaciones locales no representan siquiera 1 por ciento del total nacional. Igual sucede con la inversión extranjera directa, cuya cifra tampoco rebasa 1 por ciento del total. La inversión privada se detuvo casi por completo.
La inseguridad pública sigue siendo el principal determinante de la economía. Pero, aún no se ve la luz al final del túnel. Durante 2026 continúan la crisis de inseguridad, el deterioro económico y la disminución en la calidad de vida de la población. Ninguna instancia de los gobiernos federal, estatal o municipal, atienden esta situación. A todos les es indiferente.
La herencia de Rocha Moya en Sinaloa es dejar en marcha un proceso de regresión económica, social y política. El daño es estructural. Es una herencia maldita que necesitará muchos años para ser superada. La factura es generacional: una economía en decadencia, una sociedad atemorizada, instituciones desmanteladas, y una reputación nacional e internacional totalmente destruida.
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