Complejo político criminal. El municipio de Jalisco le dio el nombre al aguardiente emblema nacional: Tequila. Y aparece ahora como emblema del complejo político criminal que, más allá de este caso, somete a una parte significativa de los municipios y estados de la República. Acaso con excepciones: los ‘gobernados’ por el partido oficial.
Dualidades electivas. El alcalde Diego Rivera alcanzó una celebridad que también tuvo, por diferentes razones, otro emblema, su homónimo que hace un siglo se convirtió en uno de los tres grandes del muralismo mexicano. El detalle está en que, a diferencia del muralista, el político tequileño no puede argumentar originalidad ni propiedad artística o intelectual sobre su dualidad de “gobernante” formal a la vez que jefe de la banda a cargo de infinitas acciones criminales. Sobran indicios y evidencias de la reproducción de esas dualidades de ‘gobernantes’ elegidos a través del partido oficial, con el apoyo de los cárteles de los que forman o pasan a formar parte.
De aguardientes. Ejemplos: un gobernador tabasqueño, hoy removido del liderazgo del partido oficial en el Senado, Adán Augusto López, tenía de secretario de seguridad al jefe de la banda La Barredora, afiliada al Cártel Jalisco Nueva Generación, como la del alcalde Tequila. Y nadie se mete con el aguardiente tabasqueño lliztle. Ni con el tejuino de Sinaloa, a pesar de su gobernador. Ni con la charanda de Michoacán, ni con el mezcal oaxaqueño y… mejor ahí lo paramos.
Pública impunidad. Un detalle final: a diferencia de los personajes duales clásicos de la literatura y la crónica periodística -Doctor Jekyll y Mr. Hyde, El estrangulador de Boston o Jack el destripador- los delincuentes del complejo político criminal mexicano no se ocultan ni mantienen dobles vidas (una secreta y una pública) sino que suelen desempeñar sus dos roles en pública impunidad.
