La formación marxista de la presidenta Sheinbaum la lleva a reforzar la idea de hacer de la conferencia mañanera una liturgia para enajenar al pueblo con ficciones y demonios.
Marx escribió en un artículo publicado en 1844 una de sus frases célebres: “La religión es el opio del pueblo”.
Por medio de la religión, señalaba Marx, se logra que el pueblo acepte su situación precaria porque tendría el premio de la vida eterna.
La misa mañanera es un ritual que lleva siete años y está hecho de supersticiones, verdades a medias, manipulación, se crean demonios y se incineran críticos que son agentes de algún Lucifer a modo para aumentar la fe en el sumo sacerdote.
“No tiene mucha audiencia la mañanera”, dicen los que minimizan su efecto adormecedor y enajenante.
Es cierto, pero de esa prédica se nutre prácticamente toda la conversación nacional.
Ficciones hechas de “otros datos” se divulgan por un sinfín de medios, tradicionales y alternativos, y así mucha gente llega a creer que vamos camino al cielo.
Y que el obstáculo son los vendepatrias que nos quieren llevar al infierno neoliberal.
La misa de la religión obradorista oficiada ayer fue pródiga en exorcismos, actos de fe y promesas de paraísos celestiales.
Ya entraremos al detalle de las ficciones de la liturgia de ayer miércoles, pero mientras un par de ejemplos del opio que nos dan a fumar.
“Pemex salió muy bien en 2025”, dijo la presidenta, y vapuleó demonios neoliberales que endeudaron a Pemex, lo dividieron para privatizarlo, mientras las enseñanzas del “presidente López Obrador” libraron a la industria petrolera nacional del abismo.
Ficción. Y para que le crean y se expanda el humo de la mentira le puso cifra: Pemex tiene hoy la deuda más baja de los últimos diez años.
Más de 13 mil millones de dólares que eran deuda de Pemex, ahora es parte de la deuda soberana.
Es decir, esa cantidad de deuda de la empresa petrolera la absorbió el gobierno federal.
La pagaremos con nuestros impuestos.
Y es a costa del deterioro de los servicios elementales que debe dar el Estado: seguridad, salud, educación, agua potable.
Pemex, que tendría que dar dinero a los mexicanos, se los quita.
El director de Pemex, que vaciló de manera cantinflesca con los “contratos de ayuda humanitaria” a Cuba, dijo que, como enseñó “el presidente López Obrador”, el petróleo se exporta menos porque se refina y se aprovecha en beneficio de los mexicanos.
La verdad es que la producción de petróleo bajó, en 2025, a los niveles que se tenían hace tres o cuatro décadas.
Se refina petróleo, en lo que Pemex pierde dinero, y se deja de exportar, que es donde se gana dinero.
Todo eso ocurre luego de que el guía que enseñó el camino, López Obrador, apoyó a la empresa estatal, por medio de subsidios directos y exenciones fiscales, con alrededor de un billón quinientos mil millones de pesos.
Y si fuera verdad que -ahora sí-, se refina para beneficio de los mexicanos, ¿ya bajó el precio de la gasolina?
Desde luego que no. Cuesta casi el doble de lo que vale en Texas.
La liturgia siguió ayer con el anuncio del secretario de Economía de que venían en camino inversiones por más de 400 mil millones de dólares.
Humo de opio.
Lo mismo anunció López Obrador cada vez que le convino. Y nada.
Recuerdo tres eventos en que se anunciaron paquetes de inversión en infraestructura con participación privada por cerca de 500 mil millones de pesos.
Setenta y ocho proyectos por un total de 495 mil 616 millones de pesos, que activarían la economía luego de la pandemia.
Fotos con los líderes empresariales, portadas de periódicos, más radio, televisión e internet para informar al país que el sector privado daba su confianza a la llamada Cuarta Transformación.
¿Qué pasó? De los 500 mil millones, sólo se concretaron inversiones por menos de 75 mil millones de pesos.
Igual va a ocurrir ahora. ¿Por qué?
Por las mismas razones y otras agregadas: falta de certeza regulatoria. No hay electricidad suficiente. Burocratismo y estatismo.
En los proyectos de energía que se anuncian, el gobierno tendrá participación de 54 por ciento y los privados de 46 por ciento.
Mandará el gobierno sobre el dinero que pongan los privados.
Las decisiones del gobierno no obedecen a una racionalidad económica, sino política.
No hay manera.
Y si existe un desacuerdo, gobierno y privados van a tribunales de un país cuyo poder Judicial está capturado por el Ejecutivo.
Pero ya nos dieron a fumar el opio de que ahí viene la inversión, el empleo, la riqueza. Todos a hablar de eso.
Esta nueva bocanada de humo nos hace olvidar que el actual gobierno calculó que la economía iba a crecer entre dos y tres por ciento en 2025, y sólo fue 0.7 por ciento.
Gracias al Plan México se crearían un millón 100 mil nuevos empleos. La realidad: se crearon 75 mil nuevos empleos.
La inversión fija bruta (en fierros) no creció en 2025. Bajó.
En la mañanera se engaña, se manipula.
Es el opio del pueblo, que en un acto de fe le cree al gobierno.
Y es el opio de empresarios acomodaticios que hacen como si creyeran.
