La percepción de inseguridad en las áreas urbanas subió de 58.6 por ciento a 63.8 por ciento entre la medición del INEGI anterior al inicio de la actual administración, septiembre de 2024, y la más reciente, diciembre de 2025.
El miedo en las ciudades ha crecido durante el gobierno de la presidenta Sheinbaum porque el crimen organizado sigue controlando esos territorios. Sólo ha variado la proporción de asesinatos y desapariciones que aplica para asegurar las condiciones que le permiten seguir viviendo de cometer delitos.
En ese lapso ha disminuido la opinión favorable sobre el desempeño de las Fuerzas Armadas federales. La Marina bajó de 87.7 a 84.3, rompiendo su tendencia ascendente.
En la encuesta cercana a la elección de 2024 había disminuido la predicción de que la inseguridad seguiría igual de mal o empeoraría, estaba en 50.5 por ciento, pero en diciembre pasado, el pesimismo subió a 59.3. La respuesta “empeorará” aumentó de 18.1 a 25.6.
Coincidentemente, la encuesta del periódico El Financiero reporta que la desaprobación de la política de seguridad ha subido de 47 a 57 por ciento y la del trato al crimen organizado de 73 a 77, entre julio y diciembre de 2025.
El (festejado) descenso del número de homicidios dolosos no significa necesariamente que el crimen organizado ha perdido el control de un territorio, concluye un reporte de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Puede ser evidencia de que la delincuencia ya no necesita matar tanto porque ha roto la resistencia de otras bandas y/o porque los ciudadanos han aceptado, con mansedumbre, ser objeto de delitos o porque no quiere llamar la atención de la opinión pública y ha decidido asesinar menos y/o desaparecer los cadáveres.
Baja la estadística de homicidios dolosos en algunas ciudades, pero los ciudadanos siguen sujetos a ser violentados cuando lo necesiten los delincuentes.
En Salamanca asesinaron a 316 personas en el año 2020 y, a 201 en 2025. Ese descenso no fue resultado de que la mafia perdiera el control del territorio ni capacidad de matar, pues el pasado domingo 26 de enero masacraron a 11 personas en un campo de futbol. En Salamanca la vida sigue dependiendo de las decisiones del crimen organizado. Es racional que el ciudadano tenga miedo.
El concepto “pax narca” alude a la hegemonía del crimen organizado en un territorio, que implica una cierta estabilidad de indicadores.
La presidenta ha mantenido intacta la parte superior de la estructura narcopolítica nacional, no hay detenido ningún gran político cómplice y, en gran parte del país, ni medianos ni pequeñitos. Tampoco hay territorios liberados.
El gobierno no ha pacificado el país, ha incidido en que se presenten variantes de pax narca en algunas zonas.
Algunos indicadores han bajado mediante trucos estadísticos, como en Sinaloa, donde arrojaron el cadáver de un policía en el Congreso del estado, pero la fiscalía no lo reportó como homicidio doloso sino como “ataque a la autoridad” y así no contó.
Más miedo no es éxito.
