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La poco “chicharronera” Corte

El espectáculo bochornoso en el circo que han convertido a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, concretamente la ministra Estela Ríos, explicando el derecho a la propiedad, exhibe unos reflejos peligrosos. No sólo por la ignorancia, sino por la manera gelatinosa de defensa de la propiedad privada.

Su conocimiento limitadísimo de las distintas acepciones constitucionales de propiedad, y el manejo facilón, para “cuarto-transformar” a la sala del Tribunal Constitucional mexicano, en una mesa de subastas. ¿No sabe qué es la propiedad originaria de las tierras y aguas donde la nación es dueña embrionaria? Esa propiedad tiene modalidades privadas y sociales. ¿Qué entenderá esa ministra por “expropiación” y por “utilidad pública”?, ¿la orden de Palacio Nacional?, ¿algún recuerdo dicharachero de López Obrador?

La jueza Ríos no sabe que la propiedad tiene unos derechos de usar (“ius utendi”), disfrutar (“ius fruendi”) e incluso de disponer o abusar (“ius abutendi”). Ella no tiene el “ius abutendi” de su analfabetismo jurídico, la Constitución le exige saber derecho y, además, le ha dado al traste a su reputación con esa y otras intervenciones. Debería colgar la toga y dimitir. Cualquier alumno “chicharronero” de derecho lo entiende, como un matemático la “fórmula chicharronera” de resolver una ecuación cuadrática.

La propiedad no es un derecho ilimitado. No. La izquierda y el comunismo son una mentira asesina, pero existe un “derecho universal de los bienes”, principio básico y fundacional de la doctrina social cristiana. El origen de la tierra y sus recursos es “común” a todo el género humano. Existe una primacía del bien común y la propiedad privada es una herramienta (modalidad dice nuestra Carta Magna) para lograr ese bien para todos. La propiedad tiene una “hipoteca social” para lograr que sus frutos se repartan en equidad y justicia, pero con libertad; y eso se llama “solidarismo”. Libertad responsable para usar y disfrutar, todos, los bienes del mundo, priorizando la dignidad humana y la justicia social. Quizá eso quería decir la jueza verborreica, pero le salió un galimatías nada cómico, sino trágico.

Posdata.- Prometieron no militarizar y militarizaron; prometieron salud pública universal y apenas van a “credencializar” pacientes con una salud privada selectiva y unos seguros médicos carísimos; prometieron no endeudar al país y, como nunca, más de la mitad del PIB paga esa deuda creciente; prometieron elecciones auténticas y el INE está poblado de “servidores guindas de la nación”; prometieron bajar los homicidios y sólo los disfrazan de desaparecidos; prometieron encontrar a los 43 estudiantes de Ayotzinapa; prometieron una reforma electoral, la abortaron ellos solos; prometieron no usar fractura hidráulica, fracking, para obtener gas natural, ahora lo harán. Prometieron una relación independiente con Estados Unidos de Norteamérica. ¿Ese fracking no es instrucción, orden o sugerencia de Donald Trump? Insisto: prometieron no militarizar, ¡por favor!, no vaya a acabar un batallón mexicano en la guerra de Irán. Son promesas, como argumentos de la Corte, promesas chicharroneras.

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