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La presidenta, en “modo sentido común”

Ahora que nuestra presidenta está en “modo sentido común”, alguien de su confianza podría hacerle tres sugerencias que cambiarían para bien al país.

Pero tiene que ser ya, hoy o mañana a más tardar, porque cambia a “modo dogmático” con la velocidad del extremo izquierdo de Inglaterra.

Fue grato verla en la final del Mundial en Nueva York, donde hizo un buen papel porque actuó con sentido común. Un mes antes no fue al estadio Azteca a la inauguración del torneo porque los boletos eran muy caros (!).

La primera sugerencia de sentido común es revertir la reforma judicial que le entregó la balanza y la espada de la justicia a un partido político.

Sin acceso a la justicia no habrá grandes inversiones nuevas nacionales o extranjeras. La idea de todos los presidentes en todos los países es lograr que la economía crezca para generar riqueza y realizar obra pública, distribuir mejor, dar servicios médicos, educación, seguridad, etcétera.

Una de las grandes trabas para invertir en México es la reforma judicial del sexenio anterior. Es de sentido común cambiar lo que no funciona. ¿Por qué no?

Otra sugerencia es abrir el sector energético a los inversionistas privados. Las pérdidas para el bolsillo del país suman billones (sí, billones) de pesos por la obsesión de mantener el monopolio en petróleo, gas y energía eléctrica.

Perder billones de pesos porque son bienes estratégicos y deben permanecer en manos del Estado, es un dogma. El sentido común indica que es mejor para México ganar dinero con la producción de petróleo que perderlo a manos llenas y sin extraerlo de aguas profundas.

Es de sentido común que el sector privado podría hacer las líneas de distribución de energía eléctrica, tan necesarias para que se establezcan en nuestro país empresas de nuevas tecnologías que necesitan electricidad las 24 horas del día.

La producción de petróleo y energía son estratégicos para la nación. Sí, sin duda. Como lo es, en mucho mayor medida, la producción y distribución de alimentos, que están en manos del sector privado y nadie (hasta ahora) ha planteado estatizar la producción de maíz y la industria de la tortilla.

De sentido común hablamos.

La separación de poderes puede rescatarse de manera sencilla y sin cambiar leyes. Basta con que se actúe con sentido común (que es el sentido de la Constitución) al momento del reparto de diputaciones plurinominales.

Carece de sentido común que la coalición gobernante haya obtenido 54 por ciento de los votos y tenga 73 por ciento de las curules en la Cámara de Diputados.

Así se restablecen los contrapesos democráticos entre poderes y nadie podrá cambiar la Constitución a su antojo, sin tener los votos para hacerlo.

Con sentido común, volveríamos a ser un país democrático.

Una cuarta sugerencia, quizá más difícil de materializar. Que la presidenta, en sus conferencias matutinas, “deje de fastidiar al prójimo para evitar que nadie la fastidie en lo más mínimo” (dice, más o menos, una letra de JM Serrat).

En la final del Mundial Claudia Sheinbaum mostró que puede convivir, conversar y hasta bromear con antagonistas ideológicos como Trump e Infantino.

Sería todo un detalle, y cambiaría el ánimo social, que haga lo mismo en México con quienes piensan distinto.

Aclaración: por un error en la columna de ayer puse que Ernestina Godoy fue tres veces candidata a gobernadora y no es así. Fue senadora por Morena, no candidata a gobernadora. Ofrezco una disculpa.



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