En la economía mexicana hay algo que no cuadra, que no hace sentido, y que el gobierno y Morena no se atreven a decir: vamos a enfrentar serios problemas económicos en el corto plazo.
El optimismo, o negación de la realidad, de la actual administración no se sostiene por ningún lado. Es verdad que el incontrolado gasto social de los programas del supuesto bienestar han impedido una erosión, aún mayor, de las personas más necesitadas, pero también es verdad que esto no se ha traducido ni en desarrollo personal para los más pobres ni en crecimiento económico para el país. Ha servido para los fines políticos del régimen. Poco más.
El país tiene de 2018 l 2025 un crecimiento ponderado del PIB anual de apenas 1%. ¿Cómo se puede explicar este crecimiento tan raquítico a pesar de cifras tan importantes en exportaciones, remesas en niveles récord y una supuesta recaudación fiscal óptima? Esto sólo es posible con una pésima administración, un gasto absurdo (no productivo) y muchas, muchas mentiras.
En 2025 el déficit presupuestal fue el más alto desde hace cuatro sexenios y la deuda neta más alta de un gobierno desde 2006. Y este año, en el mejor de los casos, se prevé un déficit de dos billones de pesos (4.1% del PIB), y un detalle muy preocupante es que el costo total de la deuda mexicana representa 51.1% del PIB, ¿seguro que vamos bien? El servicio de la deuda supera este año, con mucho, al gasto asignado a salud o educación.
Algún morenista le dirá que hay países con un porcentaje de deuda mucho mayor, es cierto. La diferencia está en cómo y en qué aplican esa deuda; en proyectos productivos para el desarrollo del país o en gasto social para el control político del país. Allí esta toda la diferencia.
Hablar de una reforma fiscal es muy impopular, sobre todo con la elección intermedia a la vista en 2027, pero la realidad es que está en marcha una reforma fiscal silenciosa y por episodios: primero, exprimir al máximo a los causantes cautivos con medidas que ya rozan el terrorismo fiscal. Segundo: recortar el gasto de infraestructura y servicios al mínimo posible. Tercero: sostener el ritmo de gasto social hasta pasadas las elecciones de 2027.
El problema de fondo es que si no hay crecimiento económico tampoco se incrementa la recaudación fiscal y el déficit crece. Por esta razón a pesar de la baja del dólar, la gasolina (mayoritariamente importada) sube de precio. ¿No se ha fijado en los incrementos en las tarifas a los diferentes servicios que presta el gobierno?
Bueno, pues prepárese para lo que viene, porque le recuerdo que el gobierno no tiene dinero, tiene su dinero. Y no es lo mismo.
México no se sostiene por el gobierno, sino a pesar del gobierno.
Pancho Graue
