Madrid.- La presidenta Claudia Sheinbaum acumula errores y despropósitos cada día. Parece atrapada en una espiral de la que no sabe, no puede o no quiere salir.
Dicha situación me recordó aquel título del libro del expresidente español Felipe González: El futuro no es lo que era antes. Creo que Claudia hoy se cuestiona con enfado cómo era el supuesto futuro prometido para su gobierno y cómo está siendo la cruda realidad.
Ella pensó que, después de AMLO, su gobierno sería miel sobre hojuelas. Pensó que las obras faraónicas serían la glorificación para ambos. Creyó que, como AMLO, todo podía “resolverse” desde la tribuna de las mañaneras. Igualmente creía que la denostación diaria de sus adversarios neutralizaba todos sus peligros.
Y las cosas empezaron a salir muy mal…
Las obras faraónicas empezaron cotidianamente a mostrar sus graves defectos, accidentes, graves costos de operación y pérdidas financieras inmensas.
El crimen organizado ha demostrado día a día que está más “organizado” que el gobierno de la 4T. Omar García Harfuch resultó ser una pantomima y ha perdido todo bono de confianza del gobierno norteamericano. El abanico de crímenes cometidos a diario en México no habla de un país seguro, para nada. Trump empezó a embestir a su gobierno siendo muy claro desde el primer día y reiterando permanentemente: “…México está controlado por los cárteles de las drogas”.
Claudia creyó que las encuestas de popularidad eran el espejo perfecto de su realidad. Por más eventos masivos de lucimiento que le organizaron en el Zócalo, las cosas siguieron mal. Ella apostó (al igual que AMLO) por atrincherarse en México, procurando evitar en lo posible su participación y presencia en el exterior. Claudia prefirió jurar amor eterno a la dictadura de La Habana que brindar confianza a EU, el principal socio comercial de México.
Y como las matemáticas son ciencia exacta, los números hablan y la elevación descontrolada de la deuda empezó a ser signo de gran preocupación en los análisis económicos. Hoy el crecimiento es raquítico.
Y el gobierno que presumió su “austeridad franciscana”, que decía regirse por el “no robar, no mentir, no traicionar”, acabó mostrando una serie interminable de actos de cínica corrupción de colaboradores gubernamentales (incluidos los hijos de AMLO), de sus lujos desmedidos, de su papel de vulgares nuevos ricos.
Diversos narcotraficantes detenidos en EU empezaron a cooperar con la fiscalía de Nueva York; el gobierno norteamericano reclamó a México diversas extradiciones de narcopolíticos; dos de los indiciados se entregaron voluntariamente a las autoridades norteamericanas buscando beneficios penitenciarios (a cambio de sus confesiones) lo que que generó un gran temor para AMLO, Sheinbaum y para todo el régimen corrupto de la 4T.
El presidente Trump elevó nuevamente las amenazas: “…si no lo hacen ustedes, lo haremos nosotros”. Trump envió delegados especiales cada vez más duros y cada vez más frecuentes. El discurso ad eternum de Claudia relativo a la soberanía nacional resulta muy aburrido e insuficiente. Claudia optó por defender a los criminales frente a las acusaciones norteamericanas. Inmenso error.
Y esta espiral en la que está atrapada Claudia empeora día a día. Sus repetitivos discursos soberanistas contra Calderón, contra Hernán Cortés o contra España ya resultan grotescos. La vergonzosa embestida contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos (por presunta traición a la patria), y la creación del premio “El mitómano de la semana” terminan por retratarla.
Hoy tenemos una presidenta sin control oral, desbocada, que no sabe parar, que no sabe serenarse, incapaz de pensar con calma y de tomar decisiones claras. Carente de mesura. ¿Es preocupante? Sí y, además, peligroso…
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