En estos días se produjo la polémica involuntariamente humorística y patética sobre el nombramiento (o no) de Víctor Rodríguez Padilla como titular del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias. De acuerdo con la Presidencia de la República, Rodríguez Padilla no necesita ser destituido de ningún cargo a raíz de las acusaciones en su contra, puesto que no hubo nombramiento oficial firmado por Sheinbaum. Es decir, jurídicamente no había sido designado. Lo raro es que existe un comunicado oficial del propio gobierno que a la letra dice “el 1 de junio de 2026, el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) llevó a cabo un evento interno para presentar ante su comunidad a su nuevo director general, el Dr. Víctor Rodríguez Padilla, quien se integra para sumar esfuerzos en el fortalecimiento del INEEL como un instituto de investigación y desarrollo tecnológico del más alto nivel”. Puede leerse aquí (https://www.gob.mx/ineel/articulos/el-ineel-da-la-bienvenida-a-su-nuevo-director-general-el-dr-victor-rodriguez-padilla)
Durante años, la izquierda mexicana se burló de la formalidad y la solemnidad priista. Los caricaturistas, analistas y hasta políticos izquierdistas insistían en que el apego al formalismo priista era ridículo, anticuado y poco funcional en el siglo XXI. Y bien, algo había de cierto en eso. El excesivo acartonamiento del político convencional mexicano y su voz engolada no apelaban a la disposición emocional del elector contemporáneo. Era un estilo desfasado de los usos y costumbres de la esfera pública actual. Con todo, también había razones para preservar ciertas formas. Dicen que Morena y el PRI se parecen. Yo no recuerdo en el más ridículo de los sexenios priistas (probablemente el de Echeverría), un caso similar al que aludimos aquí. Un funcionario que tomó protesta en una ceremonia sin haber recibido su nombramiento oficial firmado por el titular del Ejecutivo federal no es algo que tenga precedente, ni siquiera en un país surrealista como éste. Más extraño resulta que la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno no tenga nada qué decir al respecto, pues si efectivamente un individuo carente de nombramiento tomó posesión de un cargo, aquello quizá califica como el delito de usurpación de funciones. Nada de eso importa en el mar de anécdotas del populismo mexicano. Las autoridades y las leyes, incluso las aprobadas y promovidas por el régimen son pisoteadas y ridiculizadas cotidianamente. Suele citarse a Reyes Heroles: “En política la forma es fondo”. Hoy parece que la forma era fondo, pero ya no más…
Recomendar Nota
