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Los accidentes en la 4T

Seguimos a la expectativa de una explicación convincente sobre lo acontecido con el derrame petrolero en la zona del golfo de México. Es probable que nos quedaremos esperando. Los accidentes son una de las marcas del desorden en la conducción gubernamental o las omisiones en la gestión de los gobiernos de Morena. Solo por recordar algunos casos, vienen a la mente la explosión en Tlahuelipan, Hidalgo (2019), el colapso de la Línea 12 del Metro (2021), la explosión de la pipa de gas en Iztapalapa (2025) y el incendio en la refinería de Dos Bocas este año. Las explicaciones para estos incidentes han sido variadas, pero casi nunca del todo convincentes y siempre exculpatorias del propio gobierno federal o los locales.

Lo primero que se vuelve evidente es la inoperancia de los servicios de protección civil, ya sea por desinversión, desprofesionalización o ambas. A nadie parece importarle este tema y no se ve que sea prioritario para la oposición. Habría que hacer un trabajo territorial de acompañamiento de las víctimas o los perjudicados por cada uno de estos accidentes, en este caso del derrame petrolero. Entre los damnificados se cuentan desde luego las comunidades de pescadores, pero también los comerciantes de mariscos y el sector turístico de la zona. No obstante, hasta donde sé, ningún partido o grupo político de oposición se ha acercado para recoger sus demandas y ofrecer representarlas en la capital del país desde los espacios legislativos. Ni siquiera para efectos de denuncia es exitosa la oposición, pues no he escuchado ningún discurso, rueda de prensa o entrevistas de los políticos del PRI y el PAN en torno a este tema. Puede ser peor aún, quizá sí hubo posicionamientos públicos de las dirigencias o figuras notables de esos partidos pero a los medios de comunicación les resultan irrelevantes y nadie quiso cubrirlos.

Francamente desconozco por qué los partidos políticos de oposición no aprovechan estas coyunturas para ofrecer un respaldo integral a quienes resultan dañados por catástrofes como las arriba descritas. Incluso podrían organizar una investigación propia de lo acontecido con el derrame petrolero para presentar su versión de los hechos y contrastarla con la opacidad gubernamental. La documentación de los daños no equivale a su reparación, pero por lo menos deja un testimonio firme de las fallas en la conducción gubernamental del país. Los grupos parlamentarios del PRI, PAN y MC podrían y deberían coordinarse a fin de solicitar la instalación de comisiones investigadoras de estos incidentes, pero ni eso ha sido posible.

Mientras las fuerzas opositoras sigan manejando una agenda mediática que no le importa al grueso de la población (sobrerrepresentación, revocación de mandato y otras cuestiones teóricas ajenas a su realidad material) y dejen de lado los temas que lastiman directamente a la gente, se ve difícil que crezca la organización del descontento. Es preciso articular redes de agraviados por el régimen para tener la capacidad de representarlos mejor y evidenciar su exigencia de justicia, así como la responsabilidad de autoridades omisas o, peor aún, cómplices de ciertas catástrofes. La política es organización, no únicamente reacción, improvisación y ocurrencia, que también son indispensables. Nos falta ver una oposición organizada a partir del propósito común de la defensa de los lastimados por Morena, y no tanto por el interés de las prerrogativas y el reparto de un número determinado de plurinominales. Cuando la veamos preocupada por representar a la gente que necesita una oposición fuerte para defenderse de la arbitrariedad o indiferencia del poder, podremos anticipar que volverá a ganar elecciones. Las víctimas están esperando, pero nadie las atiende políticamente.

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